Archive for 28 noviembre 2009

3. ANA Y EL GORDO

28 noviembre 2009

Es mejor matar que morir.

Ana está tirada en la cama del hotel alojamiento, cruzada, la cabeza le cuelga de un costado. Tiene una sonrisa enorme en la boca abierta, los ojos abiertos miran fijo el techo. “Pareces muerta por momentos”, le dice el Pendejo que la mira desde un costado. Ella se ríe y dice que sí, que está muerta de felicidad. Él sonríe con esa sonrisa de dientes tan blancos y ella siente que quiere más. Lo mira, mira sus brazos firmes, seguros, esos brazos que le llamaron la atención cuando lo vio por primera vez, esos brazos que le dieron vergüenza de reconocerse tan calentona. Sí, él la calentó a primera vista, eso le dijo a Nuria, su hermana, que la miró con un gesto de hastío y le dijo que “eso”, la relación con el Pendejo iba a terminar mal. Y ella le dijo a Nuria que para ella todo siempre termina mal y remató con el clásico: “vos no entendés nada”.

Pero algo de razón tenía, es difícil ésto, estira su mano y toca el brazo del Pendejo y se dice: cómo mierda hago para dejar esto? Por qué lo vas a dejar, Ana? Miralo. Es de los mejores hombres que has tenido en tu vida. Bueeeno tampoco exageres, es genial en la cama, pero hubo mejores.

Quién???  A ver… quién??? El Gordo?? No metas al Gordo en esto, se dice, peleándose con ella misma. El Gordo está metido acá. Esto también es para él… Esto es para él. No entendés nada, no sabés nada.

“En qué planeta estás?”, le dice el Pendejo y ella lo mira volviendo a la realidad del telo y el acolchado rojo sangre de raso barato.

Él le saca un mechón de pelo que le quedó sobre el ojo. Y le dice: “estás con la nube, te fuiste…” y ella piensa: se lo tenés que decir ya, Ana! Ya! No alargues esta agonía. Es hermoso, pero terminó.

Y él la mira, algo anda mal, los dos lo saben. Ella sabe que es el momento y le dice:  “Javi…”  Y él le dice: “Ana… me siento mal con esto”.

“Con qué?” dice Ana, “con hacer el amor conmigo?”

Y él asiente.

Y ella dice que pensé que te gustaba. Y él dice que me gusta, pero me pasó algo re fuerte. “Qué?”, dice ella.

Y él la mira intenso y dice: “me enamoré”. Ana detiene su respiración. “El sábado a la noche salí a bailar y me enamoré”.



2. ANA Y EL GORDO

20 noviembre 2009

El mundo contra el Gordo.



El Gordo cierra la canilla una y otra vez. La abre y la cierra. El agua sale marrón: “la recalcada concha de la lora”.  Se asoma Virgilio, el menor, del cuarto… “papá… qué dijiste?” Y el Gordo lo mira con ganas de rajarlo a puteadas a él. Por qué se supone que los chicos no tienen que aprender malas palabras. Si vivimos puteando! Si el mundo vive puteando!! Los criamos en un frasco. “Qué dijiste, papá?” Y el Gordo se muere por no decirle: dije la recontra y recalcada concha de tu madre. Sí de tu madre, que dónde carajo está? Sale marrón el agua de la canilla, la concha de la lora!! Pero sólo le dice: “sale marrón el agua, Virgi” Y el nene mira y dice: “Sí, sale marrón” y se vuelve a meter en el cuarto. El Gordo cierra la canilla, cierra la puerta del baño, baja la tapa del inodoro y se sienta ahí a pensar.

Algo anda mal, piensa el Gordo. Muy mal y me estoy haciendo el boludo. Hace tiempo que no duermo bien, y es claro, hay algo oculto que anda mal. Uno se vanagloria de decir: yo duermo tranquilo, no tengo nada que ocultar… y si no duermo tranquilo es porque algo oculto, pero la gente que oculta sabe que oculta y yo no. La puta madre, me lo estoy ocultando a mí mismo… A mí me oculto algo, soy de lo peor. La Rusa tiene razón, soy un negador. No escucho. Ni a mí me escucho. Dónde está? Dónde mierda está la Rusa? Me tengo que duchar y el agua sale marrón: “Marilda!!!”

Y no contesta nadie. El Gordo se asoma por la puerta del baño y grita: “Marilda!!!” “Qué???!!!!” Le grita la señora desde el otro piso. La puta madre, piensa el Gordo, ni a la señora que le pago por mes le interesa venir hasta acá a ver que me pasa!! “Sabe donde está la Rusa??”

Marilda: “Sí. Salió…”

“A dónde iba?”

“No sé,  no le pregunto eso yo, señor Gordo…”

Y el Gordo cierra la puerta, me dice señor y no puede subir un puto piso para ver que necesito. Yo la rajo a esta, la rajo en cuanto vuelva la Rusa. Se vuelve a asomar: “ Virgi…”

“Qué, pá…?”

“Me alcanzas el celular que está en mi mesa de luz?”

“No podés ir vos?”

“No, si te lo estoy pidiendo a vos, es  porque no puedo ir yo”

Y el chico tarda lo suyo en traerle el celular y el Gordo dice: “gracias” y cierra la puerta y marca el celular de la Rusa.

Y le sale la grabación y se pone loco. Dónde mierda estás?? Y abre la puerta del baño y le grita a su hijo: “Sabés donde esta tu madre?!!” Y el chico se asoma del cuarto: “Sí. Salió”

“Adonde fue?” “No se” dice Virgilio… “Pero cómo que no sabés?” “No, si no sabés vos que sos el marido…” “ Vos me estás jodiendo?”

“Sí” dice le nene, “la vi en una serie esa respuesta, está buena, no?”

“Yo le decía eso a mi viejo y  me daba vuelta la cara de un cachetazo”.  Y el nene se ríe. Y el Gordo dice: “de verdad es eso”.

“Sí” dice Virgilio, “ya sé… pero  me da risa pensar en el abuelo Jorge pegándote”. El Gordo lo mira mal: “No es gracioso”.

“Sí” dice Virgi, “es un viejito bueno”.

“Es un jodido”, dice el gordo. Y Virgi dice que sí, capaz que como padre es jodido, pero como abuelo está muy bien. Y le sonríe al gordo: “Vos sos igual, mis hijos te van querer”.

“Qué? Vos no me querés?”

“No rompas los huevos, Gordo”, le dice Virgi y se va. El Gordo cierra la puerta del baño, se vuelve a sentar en la tapa del inodoro. Cuándo fue, piensa, cuando fue que dejaron de respetarme todos? Y vuelve a marcar en el celular y vuelve a salir la grabación: “En este momento Ana no está disponible. Deje su mensaje después de la señal.  Beeeeep!!”  Y el gordo grita dejando un mensaje:  “Dónde estás, Rusa, dónde mierda estás??!!!”

Siempre que sufrimos de amor…

12 noviembre 2009

Siempre que sufrimos de amor queremos que pase rápido. Pero siempre, dure lo que dure, un año, dos meses o cuatro días, siempre ese tiempo parece un infierno. Nos sentimos solos y heridos y pensamos que nadie más sabe lo que es ese dolor. Y nos juramos que la próxima vez será distinto, y no es así. Y odiamos eso. Y esperamos que alguna vez, alguien nos tire una soga, nos de un plan perfecto para no sufrir, para no extrañar, para no desgarrarnos y desangrarnos, esperamos que alguien nos tome con firmeza del mentón y nos lleve la vista hacia el gran pizarrón en el que están escritas bien grandes y detalladas, las salvadoras…

INSTRUCCIONES PARA NO MORIR DE AMOR EN BUENOS AIRES

1. ANA Y EL GORDO

12 noviembre 2009

Primero que nada, para desear no morir de amor, hay que estar profunda o tremendamente enamorado y no ser correspondido; o ser rechazado… o abandonado.

También sirve como opción no haber descubierto el amor, o estar negado a él.

Así es el gordo Turres. Incapaz de amar. Pero nadie lo sabe, ni siquiera la Rusa, su mujer.

Los laberintos de Parque Chas.

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El Gordo la eligió porque era fácil, una buena mina y sabía que con ella no iba a tener problemas. Y no se equivocó. Años de paz. Pero ahora, no están bien las cosas entre ellos y el Gordo no hace nada para admitirlo. Su extremo egoísmo lo lleva a querer que sea ella quien le diga: “no va mas esto, Gordo” y por eso ahora está parado frente a ella mirándola, en suspenso, con una expresión de desconcierto, mientras piensa en como sale de esta.

La Rusa lo mira y le dice: “Tené huevo, Gordo.. decime la verdad… vos no me amás más, no?? “
Y el Gordo no contesta nada y la mira dolido y entreabre apenas la boca con una expresión de: “como podés decir eso…” Mientras piensa: “no es que no te amo más, yo nunca te amé…”

La Rusa sigue: “No te da la cara, tenés miedo de que esto se termine y de que se termine la comodidad… Yo soy tu comodidad…

“Sí”, piensa el Gordo… “es exactamente así, pero vos no querés escuchar eso… esa es tu comodidad”…. Y solo alcanza a decir: “Rusa. Rusa… ¿Cómo decís algo así?”
Y ella sigue firme: “Decime entonces que no es verdad, decilo… yo intuyo, yo se… Gordo… Algo pasa, qué pasa?”

Y el Gordo Turres, la mira y piensa que no pasa nada entre ellos hace años. Y que él es un mal tipo. Pero fue lo primero que le dijo a ella la primera vez que se vieron. Y ella se rió, pensó que el Gordo se lo decía en chiste para hacerse el canchero, para conquistarla. No, el Gordo era y es eso… un cobarde, un hipócrita y un muy mal tipo.

Pero esta vez, algo en su interior le dice:” Gordo, juntá huevos y por primera vez en tu vida, decile la verdad… Sí, loca, no te quiero. Ya está… fue lindo, pero ya está”. Pero como se dice eso después de diez años de matrimonio y dos pibes. Los pibes. La puta.
Ella lo mira, se le está acabando la paciencia: “Gordo, decime algo…”
Y el Gordo estira la mano y le hace un mimo: “Rusa…. Yo… por ahí soy un poco parco, no sé, estoy para adentro… pero… está todo bien.”
Ella lo mira: “Gordo, hace mucho que no tenemos sexo… que no hablamos mas que de los chicos… y vos, estás tan lejos.” El Gordo tartamudea: “ Es el laburo… estoy agotado, Rusa… yo… no te quiero perder.”
Ella abre los ojos, el Gordo jamás le dijo algo así, está sorprendida.
Ella le dice: “… Daniel….”
El Gordo sabe que la tiene en su lazo y se acerca y le dispara suavecito: “Rusa, yo te… quiero… te amo…”
Y ella lo abraza. El Gordo siente que zafó otra vez. Que ya está, que pasó el huracán. Que no tiene que pensar en donde va a ir a dormir esta noche o los próximos diez años. Y ella lo abraza mucho y fuerte porque ella también es cobarde y acaba de perder una oportunidad. Y se separa de él y le dice… “qué querés, amor?”
Y él le sonríe aunque odia que le diga:” amor “ y dice: “unas tostadas y un matecito cocido… me voy a la terraza a leer, sí?”
Y se va .
La Rusa lo mira irse, arrastrando las pantuflas y se siente segura. En calma con ella misma. Piensa en que tiene que llamar a Javi y decirle que no va más. Que no lo puede seguir viendo. “Se va a poner loco el Pendejo”, piensa la Rusa. Pero lo va a dejar. Se siente hipócrita mintiéndole así en la cara al pobre Gordo. Pero bueno, ella se lo dijo el primer día en que se conocieron: yo soy muy mentirosa… y el se rió. Creyó que ella lo hacia solo para conquistarlo.

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Ana y el Pendejo: hoy te dejo, o me dejo.

Ana se acerca al bar en el taxi y se quiere morir. Por la ventanilla ve que está lleno el lugar y se pone mal. Por qué le dije al pendejo acá, es un riesgo. A ver si nos ven, justo ahora que lo voy a dejar. Que se acabó. Y mira por la ventanilla, el taxista dice: “acá?” Y ella contesta: “que no, en la esquina… por favor”. “Estamos en la esquina, señora”. “En la otra”, dice Ana. “En la otra”. Y el tipo arranca y ella alcanza a ver al Pendejo, a Javi, que entra al bar. Ay, por Dios!! Que sonrisa tiene. Qué miras conchuda, que le sonreís, es mío el Pendex. Ese me lo como yo. Y se queda. Ana… estás pensando así, estás pensando mal, estás pensando como una veterana calentona. ¿Y qué? Ya soy una veterana calentona. Las veteranas tienen como cuarenta y pico. Yo cumplí cuarenta hace dos meses. Qué mierda! No, no digas eso, porque no es una mierda… piensa ella de ella… es lo que es.. Y se ríe: Ay! Mirala, llena de frases hechas, que te hacés, si te sentiste como el culo! Sí! Vos…! Vos que renegas de maquillajes, de ropa, de aspecto, de peso, te sentiste como el culo. Pero no fue por la edad. Sí, es la edad. No me jodas loca, me da igual tener treinta que cuarenta.
No, no da igual! Por eso duele. Tenés cuarenta, viviste más. Sos más grande. Está bueno y está malo. Y si viviste más, los otros también vivieron más, alguno de los de alrededor palmó. No lo digas así, suena feo, agresivo, malo… Cortala! cortala de reprimirme…
“Veinticuatro…”
“Eh…?”
“Señora, son veinticuatro pesos… O la llevo hasta la otra esquina?”
“Por qué?” piensa mientras paga. Por qué los tacheros me tratan igual que mi viejo. Pobre viejo, se murió. Pobre por qué? Si era un jodido. Pero era divertido, no digas así. Sí, pero jodido. Me hacia cagar de risa, cuando aparecía… y se queda un segundo en silencio y se ve en el reflejo de una vidriera, y se pregunta: con quién hablás, Ana? Con quién te peleás? A veces con vos misma, a veces con el Gordo, a veces con Manfrini… a veces con Susana Giménez… ella me invita al reportaje que rechacé varias veces… porque a mi lo mediático no me interesa, no quiero exponer mi privacidad para todos esos espectadores a los que le da lo mismo mandar un sobre con la etiqueta del pan Fargo y ganar algo que escucharme a mi… Ay, por favor!!! Lo de la etiqueta del pan Fargo fue hace diez años!!! Ahora hay otros juegos… patinan sobre hielo, saltan, cantan, hacen circo! Es lo mismo… No!. No es lo mismo… A quién le hablás, Ana? A veces a mi… a veces a vos. A quién?! Cortala y dejame sola.
Sonríe Ana. El Pendejo le está sonriendo. El blanco de los dientes se ve desde media cuadra. La puta, se va a poner mal cuando le diga que no va más. Seca, Ana, distante… no te enganches.. “Hola, bonita” dice él… y Ana se afloja y dice: “Hola, Javi…” y él la toma de la mano la trae hacia él y le da un beso en la boca que a Ana la hunde en las baldosas, y se olvida de todo y solo siente como lentamente se le moja la bombacha.


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5 noviembre 2009