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7. FLAVIO Y MAGA

26 marzo 2010

Sanyi regresa (Parte 2)

Maga no sabe bien como fue. Ella entró a buscar una película y se llevó un gato. Un gata. Hormiga no sabe tampoco como fue, pero ni bien la vio supo que era ella, que ella se llevaría a su problema. Flavio no entiende nada. Se siente solo y culpable. Y tentado de llamar a Hormiga y pedirle que por favor le devuelva la gata.

Viernes 21:57. Maga, con los lentes rojos de corazón, le pide a Hormiga, como siempre, que le recomiende algo. Algo tan bueno como “Lolita”, le dice, y él le contesta que no hay nada tan bueno como eso. Y se muerde, sabe que él no  puede recomendarle nada que le guste, que si quiere complacer a esa chica, tiene que llamar a su contacto. Y mientras la manda a Maga a que recorra un poco a ver si ve algo que la tienta, se esconde y llama a Flavio. Agachado, detrás del mostrador, tiene delante suyo la puerta de rejas de la jaula en la que adentro descansa Cigala. La gata lo escucha marcar el celular y abre los ojos. Lo mira entre las rejas. Hormiga corre la vista justo cuando su amigo lo atiende.

Flavio atiende el celular mientras cambia de lugar el sillón de dos cuerpos, quiere dar vuelta todo el living, necesita un cambio ya. Hormiga, hablando bajito, le dice que necesita ayuda: “Recomendame una película” “Ahora?” dice Flavio sin dejar de hacer.  “Sí, ya, es para la mina que le recomendaste “Lolita”. Dale, decime otra que le guste”.  “Y yo que sé, si no la conozco!” “Yo tampoco” dice Hormiga, “pero tirame algo, que a mí no se me ocurre nada” Y Flavio se mira la remera gris con el dibujo de Woody Allen… y le dice: “Annie Hall”… “Qué?” dice Hormiga… “Annie Hall, dos extraños amantes le pusieron acá… la de Woody Allen” “Ah” exclama Hormiga, “la vi hace mil…” “Sí” resalta el otro, “la vimos juntos y te quedaste dormido”. “Y vos querés que le recomiende esa?” “No, vos querés que le recomiende algo. Esa película es genial, ya te recomendé, listo.” “OK” dice Hormiga… “ok…” y va a cortar pero esta vez, Flavio lo frena: “Qué sabés de Cigala?” Hormiga mira a la gata que lo mira ladina delante suyo. “Todo bien. Me acaba de llamar mi amigo, bah, el amigo de mi hermana… que llegó recién al campo… se bancó bastante bien el viaje la loca… y ni bien llegaron él la llevó junto con los otros gatos que tiene y ella se integró perfecto ” “Mirá que bien” dice Flavio, casi celoso, como molesto porque la gata se haya integrado tan rápido. “Y sí, mejor” dice Hormiga. “No, sí” dice Flavio. “A veces, a uno le cuesta un montón hacer algo y resulta que es lo mejor para los demás, no?” “Totalmente” dice Hormiga. “A veces uno hace un pequeño movimiento que abre un mundo. Cambiás de lugar una pieza y eso cambia todo”. “Sí” dice Flavio, “Totalmente. Chau y gracias.” Y corta. Hormiga corta sin dejar de mirarse a los ojos con la gata. Flavio corta y mira el sillón de dos cuerpos que ha cambiado de lugar, e inmediatamente procede a volverlo a su espacio original, y lo deja donde Sanyi lo puso  el día que lo compró, el día que se fue.

Hormiga mira a la gata y por primera vez en la jornada se siente mal. Que está haciendo? Realmente cree que así Flavio va a olvidar a Sandra? Realmente lo estará ayudando con esto? No sabe, pero él nunca sabe, se mueve más por instinto. Aunque la cabeza no le pare nunca, él, se mueve por instinto. Y ahora no sabe por qué abre la puerta de rejas y saca a la gata y la abraza, como conteniéndola. La acaricia. “Encontré esto pero, no sé” escucha Hormiga. Levanta la cabeza y allí arriba apoyada en el mostrador está Maga, mostrándole la tapa de “Annie Hall” Hormiga no se la puede creer. Ella le dice que la agarró porque le gustó la foto. Hormiga se incorpora con la gata en la mano y le dice anonadado que justamente le iba a recomendar eso. “Nooo”, dice Maga “qué bueno, transmisión de pensamiento” y mira a la gata en brazos de Hormiga con una sonrisa. “Qué lindo…” “Linda, es una hembra” “Es muy hermosa” dice Maga. “Sí” dice Hormiga “y de buena” Maga pregunta “es tuya?” “No” dice Hormiga. “Ah.. es de acá” “No, me la dieron, la tengo que regalar…” “Nooo, pobre” “Sí, dice Hormiga, es de… “ y se frena, por un segundo estaba dispuesto a decirle la verdad, pero no puede, no quiere… “era de mi abuelita”. “Se murió? Pregunta Maga”. “No” contesta el otro, “pero tiene Alzheimer y es un desastre. Ayer fui a comer a la casa y… por suerte fui temprano, porque mi abuela cocina como los dioses pero así como está no puede sola y no va que me llama para que la ayude a meter la fuente con la comida en el horno… y… voy, y la estaba metiendo a la gata…” “Nooo…” dice Maga. “Sí”  dice él, compenetrado con la mentira. “La semana pasada dejó el gas abierto… y hace diez días se confundió al empleado de Edenor con mi abuelo, que falleció hace años, y lo encerró en el baño y le gritó de todo, porque mi abuelo le metió los cuernos a mi abuela, mucho… y la dejó, hace veinte años. Ella lo vio al tipo que vino a ver el medidor y medio que lo secuestró, el tipo le pidió permiso para hacer pis y ella lo encerró y le entró a decir de todo, de todo… como que se lo tenía preparado por años eso” Maga asiente fascinada… “Lo estaba esperando. Bueno, por lo menos se lo pudo decir… no? Aunque no sea tu abuelo, ella lo pudo decir. Se sacó de encima lo que tenía guardado”. “Sí, dice Hormiga, de alguna manera sí.” “Y por suerte salvaste a la gata y a vos, de habértela comido” dice Maga y acaricia a Cigala. “Y que vas a hacer con ella?” “No sé” dice Hormiga “bah, sí, la tengo que regalar”. “Claro, agrega Maga, vos tenés perro”. Hormiga se queda duro, sorprendido de que ella recuerde lo que hablan: “Sí, claro”  “Y sigue enferma tu perra?” Le pregunta ella “…no, ya está bien, pero no puedo tenerla”. “Claro” dice la otra sin dejar de acariciar a la gatita. “No la querés?” dispara Hormiga. Maga la mira: “Nunca tuve mascotas. Mi vieja es alérgica y mi papá anarquista” “Anarquista??” se sorprende Hormiga. “Pensé que no quedaban.” “Quedan, papá y mi tío Astolfo”. Hormiga esboza una sonrisa: “Astolfo y Anarquista, qué vida tu tío”. “Sí” dice ella, “ no sabés que vida” “Y? te la llevás o no?” Ella sonríe: “Me la llevo. Alguna vez hay que empezar algo nuevo, no?” “Claro” dice él “a veces uno hace un pequeño cambio en su vida y eso cambia todo”. Ella sonríe. Él levanta los hombros y agrega: “Me lo dijo un amigo, pero es cierto”. “Sí” dice ella. “Y cómo se llama?” “Flavio…” contesta Hormiga.  “No, dice ella, tu amigo no… la gata…” “Ah, se ríe Hormiga, “se llama… “ Y no sabe por qué, le dice: “Sanyi”. “Sanyi? Pregunta Maga. “Sí, es en honor a una mujer que se fué”. “Se murió? Pregunta nuevamente Maga. “Algo así” afirma Hormiga, y observa como Maga acaricia a la gata y le dice: “Hola Sanyi, querés venir a casa conmigo?”

Viernes 22:15. Hormiga cierra el video club. Se siente raro, vacío.

Maga camina con la jaula de la gata cruzando la plaza de Congreso rumbo a su casa. Mira al animal que duerme adentro. “Sanyi” piensa “qué lindo nombre”.

Flavio está sentado en el sillón de dos cuerpos, en el lado izquierdo. El lado derecho está vacío. Bebo se acerca caminado lentamente y se para delante de él. Lo mira como perdido. Flavio traga saliva. Hay una especie de hermandad secreta entre él y el gato, entre sus soledades no elegidas. Bebo, como si entendiera, se sube al sillón y se instala en el lado derecho. Flavio y Bebo se quedan inmóviles en el sillón, en la penumbra del living y permanecen así, por horas.


6. FLAVIO Y MAGA

19 marzo 2010

Sanyi regresa

Otra puta noche de insomnio, piensa Flavio con odio. No, otra noche sin dormir, no! Y se da vuelta en la cama, tratando de no escuchar el maullido de los gatos  llamándose cada uno a un lado de la puerta del baño. Es un infierno su casa por las noches, los gatos están desmadrados. Se mueven por el departamento buscándose y cuando se encuentran, se pelean. Flavio hay noches que no tiene otra que levantarse y separarlos. Encierra a Bebo, el macho, en el baño para que Cigala no lo pueda molestar. Pero eso es un imposible. Ella se pone a maullar como una loca, con un maullido que parece el llanto de un bebé. Un llanto que lo taladra y lo angustia.  Flavio está entre indignado y paralizado. Él, que no ahorró esfuerzos para poder dormir, él, que se deshizo del colchón que compartía con Sanyi y de la pesada colcha peruana que ella compró en Machu Pichu y él cargó en su mochila por 35 días… él, no puede creer que ahora los gatos estén armando semejante jaleo. Impotente, se envuelve en el acolchado nuevo, que huele todavía al perfume ese que le ponen en los negocios de Palermo. Es lindo el acolchado nuevo, es suave, liviano, nada que ver con la colcha peruana. En eso las mujeres son diferentes, piensa Flavio, nosotros necesitamos liviandad y ellas peso para poder dormir. Ella si no tienen encima una frazada de cemento no pueden. Y se asoma del uteroso acolchado, enardecido, puteando a lo gatos descontrolados: Bebo!!! Cigala!!! Basta!!!! Y se levanta furioso y agarra a la gata y la quiere sacar de la puerta del baño, pero Cigala se le resiste, se aferra con sus uñas a la alfombrita de la puerta. Como es, la muy chota lo busca y lo llama a Bebo y cuando él le da bola… ella lo ataca. Loca! Qué gata loca!

“Muy loca” le dice el Hormiga. “Como la dueña, y sé que soy redundante. Tenés que sacarte de encima esos gatos ya.” Y revuelve el café con leche espeso que le sirvieron en “La Academia”. El sonido de las bolas de billar viene desde el fondo del local. A Flavio lo sorprende que haya gente jugando a las 8:30 de la mañana. Hay un par que parecen haber seguido de largo de la noche anterior y dos tipos de impecable camisa y corbata, con el  saco colgado en un perchero junto a los tacos, que se matan en un evidente desafío que va más allá del billar.  “No me los puedo sacar de encima. Qué le digo a Sanyi cuando vuelva?” Hormiga deja de sorber con ruido el café con leche y lo mira. Se miran. “Todavía creés que va a volver? Todavía esperás que vuelva?” Flavio no le dice nada, pero cada noche espera que vuelva, cada vez que oye el ascensor cree que puede ser ella, cada vez que le parece oír un ruido de llaves en el pasillo cree que es ella, desea que sea ella. Todo el tiempo tiene en su cabeza la escena del regreso. Cómo será todo. Qué harán cuando ella vuelva, cuando pase otra vez por el umbral de la puerta de casa y él la mire viniendo del baño, secándose las manos con una toalla, y ella con la valija y un gesto de: “Perdón, Flavio” lo mira y se le empiezan a llenar los ojos de lágrimas. Y él, duro, la mira y le dice: “Qué hacés acá?? Qué carajo hacés acá???” Y ella, largando las lágrimas por esos ojos celestes preciosos, por esos pómulos perfectos, por esa piel de porcelana, le dice: “Fla, perdón… me equivoqué. Me dejé llevar. Hice todo mal. Perdoname…” Y él niega con la cabeza y le abre nuevamente la puerta de calle y le dice que se vaya, que si quiere sus cosas, que vuelva mas tarde cuando él no está y que le deje las llaves al portero. Y ella llorando se le cuelga del cuello y le habla a los ojos, y él se queda duro al sentir tan cerca el contacto con el cuerpo de Sandra, el aliento de Sandra cerca de su boca… La boca de Sandra cerca de su boca y los cuerpos juntos y ella lo besa y él quiere resistirse, pero no puede, el cuerpo de Sandra tiembla junto al suyo y él la abraza y la besa profundo y cierra la puerta y la entra al cuarto y hacen el amor salvajemente. “¡¡¡¡No va a volver, Flavio!!! ¡¡¡¡Flavio!!! ¡¡¡Hola , Flavio…!!!” y Flavio vuelve en sí abruptamente. Hormiga gesticula frente a él y le dice que deje de vivir en la nube de pedo, que deje de esperar, que viva el día, que solucione el presente. “Número uno, sacate ya de encima a esos gatos.” “No puedo” dice Flavio.  “A uno aunque sea, sacate a uno de encima, a Cigala. Ella lo vuelve loco al Bebo. El Bebo es tranquilo” “Y qué hago?” dice Flavio. “Dámela, yo me encargo” dice seguro Hormiga.  Flavio lo mira con temor:  “La vas a matar?” El Hormiga lo mira y hace una pausita rara.. “Estás loco?? Tengo un amigo que tiene un campo enorme, que ya le di otra gatita, él ama los animales” “Es mentira eso” Dice Flavio “Tus amigos los únicos animales que aman son los de “Cementerio de animales” cuando resucitan… Hormiga finge que se molesta, y le dice que su mundo va más allá de los bizarros del “Club Fangoria” y el “Club Corman”. “Ah sí” dice Flavio “Y quién es tu amigo campesino Charles Ingalls que ama los gatos”. “Beto” dice Hormiga sin dudar y Flavio no saca si es verdad o mentira. “Amigo amigo no es, es amigo de mi hermana, fue compañero del secundario de ella y se fue a vivir al campo. Lo tengo de amigo en el Facebook” “Vos tenés Facebook?? Desde cuándo?” se sorprende Flavio. Y Hormiga le dice. “No, yo no, Orson.” Flavio lo mira sin entender. “Hice un Facebook a nombre de Orson y puse mis fotos y cuento anécdotas que invento… y pongo frases terroristas y de vez en cuando me levantó alguna mina”. Flavio lo mira sin poder creerlo. “Qué mina? Cuándo saliste con una del Facebook” “No, no salí, pero me las levanté, están muertas conmigo, me mandan mensajes y cuando me conecto se me meten a chatear y les hago el entre en el chateo”. Y Flavio lo mira. “Qué entre? Entre a dónde? Porque para hacer el entre luego hay que entrarlas a algún lado y yo no te veo con una mina hace tiempo”. Hormiga se tensa pero disimula: “Yo no necesito a una mina para ser feliz” “Porque no te enamoraste” le retruca Flavio. Y Hormiga responde rápido: “Vos tampoco. Dame las llaves…” “Qué’” dice Flavio. “Dame las llaves de tu casa… voy, entro y me la llevo. Cuando vos vuelvas no te vas a dar cuenta de nada…  A la noche se la llevo a mi amigo y mañana la tipa está en el campo compartiendo la vida con otros animales” Y le extiende la mano: “Dame…” Flavio duda. “Querés dormir esta noche? Querés empezar a pensar en vos? Dame” Flavio toma aire, saca del bolsillos las llaves de su casa y se las pone en la mano. Hormiga cierra la mano, se levanta y sale de la Academia. Flavio lo mira irse sin poder decir nada, no puede creer que vaya a desprenderse de algo que era de Sanyi.

Hormiga entra al departamento de Flavio con una jaula para transportar gatos en la mano. De pasada se la pidió a Jaime el de la veterinaria. Le debe muchos favores, lo zafa siempre con los retrasos en la devolución de las películas. Un vez, tuvo “Querida encogí a los niños” dos meses, el recargo era de $180. Imposible de pagar. Ni bien abre la puerta, los gatos vienen a su encuentro. El los saluda con la misma voz melosa de siempre. Los gatos lo conocen. El le les habla seductor con diminutivos y se siente una asesino serial a punto de cometer su crimen. Abre la puerta de la jaulita y los llama. Bebo se acerca y con una docilidad increíble se mete dentro de la jaula.” No, vos no, pelotudo” le dice Hormiga. “A la que deportamos es a ella. Cigala…!” La llama y ella lo mira desde una prudente distancia como queriendo decirle: “Si me querés… agarrame, pero desde ya te digo que te va a costar”. Y Hormiga amaga ir hacia ella y ella sale huyendo. Hormiga la odia, quisiera haber traído el rifle de aire comprimido. En ese instante, la odia tanto como a Sanyi. La persigue por los pasillos del departamento hasta que la agarra. La toma con firmeza y la lleva hasta la jaula. La mete dentro y cierra la puertita de rejas. Ella empieza a maullar llamando a Bebo que la mira y no dice nada. Está como atontado. Hormiga se apura y sale del departamento antes de que empiece el escándalo.

Sale por Montevideo rumbo a Rivadavia, camina a paso vivo hasta la plaza Congreso y allí se frena agitado. Se sienta en un banco y piensa: “Qué carajo hago con esta gata?” Por supuesto que no existe el amigo granjero de su hermana, ni el campo donde los gatos son felices. Sigue siendo bueno para mentir. Solo quería quitársela de encima a Flavio y que no sufra más. Quería sacarle un problema, pero ahora, recién ahora, es consciente de que el problema pasó a él. Mira a la gente que pasa. Para a un par de personas y les dice que se tiene que ir a Chaco porque un familiar se enfermó y que tiene que dejar a su adorable gata, si no la quieren… Nadie la quiere. Luego modifica el argumento, y a la enfermedad y a Chaco le agrega que él regresa en un par de días y la busca. Ofrece descaradamente dejar su dirección y teléfono, por supuesto falsos. Igual, nadie la quiere agarrar. Luego mira el pasto junto a la calesita y piensa:” La puedo envenenar y la entierro esta noche”. Y se da cuenta que no tiene pala, ni estómago para matarla, así que se dice: “La dejo acá”. Y deja la jaula sobre el banco de madera verde y empieza a caminar como si nada. Alcanza a dar un par de pasos cuando un policía lo detiene y le dice: “Se olvida la jaula, señor” “Ah” dice él “Sí, gracias, es que estoy re mal. Acaba de fallecer mi vieja. Perdón agente” y agarra la jaula y se la lleva, sintiendo que esa gata es una maldición. Camina por la plaza alejándose del uniformado, a las puteadas.  Algo se le va a ocurrir pero ahora se tiene que ir a laburar. No tiene otra que llevarse a la maldición, en su jaula, al video club.

21 horas 52 minutos. Hormiga está al limite de su tolerancia. Faltan ocho minutos para cerrar el negocio y aún no sabe que hará con la gata. Ninguno de todos sus amigos, a los que se pasó la tarde llamando para enchufarles la gata, aceptaron tenerla ni siquiera un día. Se siente desesperado. Él, el hombre de los mil recursos, está desarmado por una maldita gata. Mira el reloj: 21:54. “En un minuto cierro la puerta y veo que hago con ella”. Y toma la llaves del local para ir acercándose a la puerta y la ve. Y sonríe. Ahí está su último recurso. Ahí está ella, entrando con los ridículos anteojos rojos de corazón de “Lolita”. Sonriente, llegando a última momento a elegir una película que le vuele la cabeza. Sí, se dice Hormiga, es ella. A ésta le enchufo la gata así me cueste la noche. Y ve entrar a Maga y le sonríe como nunca. Y la saluda con la mano esperando que su víctima se acerque al mostrador y caiga en la trampa del gato.


5. FLAVIO Y MAGA

12 marzo 2010

La puerta se cerró frente a tí.

Maga llega a la facultad y se mira en el espejo de la entrada. Le gusta como se ve, se pintó apenas los labios con un rojito que la hace ver más viva y se puso los anteojos de sol con forma de corazones rojos, los de “Lolita”, los mismos. Alucinada con la película, los consiguió por Internet y no se los sacó más. Se muere porque él la vea con ellos, así que, desde que entra camina por los pasillos buscando el inconfundible corte de pelo de Mauro. Llega hasta la máquina de gaseosas y se detiene, va a sacar un agua mineral sólo por hacer tiempo, sólo por esperar que él también esté llegando a dar clases y se detenga allí. Pone la moneda, toca el botón, la botellita cae, termina el proceso mecánico y no hay señales de Mauro. La ansiedad le sube por las piernas. Odia que no pase lo que quiere, estaba tan segura que se lo iba a cruzar que detesta irse con las manos vacías, detesta las horas que pasó pensando en este encuentro que se le está por escapar como arena entre los dedos. Gira odiando el momento y odiándose. Se está por ir, pero alguien la toma del hombro, por detrás. A Maga se le detiene el corazón, cree que es él, intuye, está segura que es él y vuelve a girar. Y no es él. Es Irina, la ayudante de cátedra del otro segundo año. Maga sonríe nerviosa, tratando de tapar la desilusión que la arrasa. “Maga… loca, como andás?” chilla Irina. “Bien” dice Maga “Re bien” “La mudanza?” pregunta la otra. “Bien, hace tres meses me mudé”, le responde Maga, algo desconcertada con la pregunta. “Sí, ya sé, pero es un período de adaptación en el que estás” comenta Irina. Maga nota que la chica cogotea mucho cuando le habla, y no la mira. Está, evidentemente, buscando con la mirada a alguien. “Y vos?” dice Maga y se queda hablando con Irina, un poco porque hace mucho tiempo que no la ve, y mucho porque hace un poco de tiempo esperando que Mauro pase. Irina le dice que está bien, re bien. “El sábado te quise invitar a una fiesta” “Sí?’” dice Maga. “Sí” sonríe la otra sin dejar de cogotear. “No quería ir sola y me pareció que te podía gustar” “Y por qué no me llamaste?” pregunta Maga. “Te iba a llamar desde la fiesta si estaba buena… y llegué y no estaba muy buena, pero igual te iba a llamar y no va que agarré el celular, estaba por marcar y me encontré con un conocido, me colgué y no te llamé” “Ah” dice ella “Bueno, pero la pasaste bien” “Genial”, dice la otra remarcando mucho la G. “Muuuy bien” Y sonríe. Maga sonríe también. Y sin solución de continuidad Irina le escupe lo que se muere por escupirle: “El chabón me invitó a Chascomús este fin de semana”. “Nooo” dice Maga que todavía no terminó de asimilar “chabón” que la otra ya está en Chascomús. “Mirá que loco” dice por decir, es lo único que se le ocurre. “Sí” dice la otra “Y más porque a mí ni me gustaba al principio. Siempre me pareció un tipo mas bien… soso, hasta medio nabo, pero tiene onda en la cama. Mucha onda…” “Mirá” dice Maga que con su cerebro recién llegaba a Chascomús y la otra ya se metió en la cama del “chabón”. “No, yo si no me gusta todo no puedo”, dice Maga y traga saliva, no le gusta hablar de esto con Irina. La otra canchera le dice: “Sos de las que te seduce la inteligencia, el humor y la onda, no?” “Sí” dice Maga “Mucho más que un buen cuerpo, muuuucho más”. Y ella también alarga las “ues” burlándose de Irina. Pero la otra no se da por aludida “A mí no. Obvio que tiene que tener onda, pero si me pusiera tan exigente me hubiera perdido ese bomboncito” y señala hacia la otra punta del pasillo donde está viniendo Mauro. Maga se queda helada. Irina levanta la mano y saluda a Mauro con un sonoro: “Hoooola!!” Él se acerca, ella se le adelanta y le da un beso en la boca. Maga queda petrificada junto a la máquina de gaseosas. Cuando termina el beso, Mauro la mira y le dice: “Hola, qué hacés Marian?” “Maga” lo corrige Irina. “Maga” corrige Mauro con cero culpa. Maga solo atina a decir: “Todo bien…” y baja la cabeza avergonzada. “Chau, no vemos” y se va. Mientras se aleja, por el reflejo del vidrio de una de las aulas ve como Irina le encaja a Mauro un beso baboso que más bien parece una liposucción.

Con vergüenza, como si la hubieran descubierto desnuda en la Nueve de Julio se pone en la fila del 37, agarrada a su cartera y a sus libros. Se siente pésimo. Se siente idiota. Hay sólo dos personas delante de ella y el colectivo empieza su recorrido allí, así que, cuando se sube el interno 1039 está vacío. Maga igual camina hasta el fondo del vehiculo y se deja caer en el último asiento. No sabe por qué, tal vez sea una necesidad de remarcar su dolor y de demostrarse que sí, que efectivamente… se siente como el culo. “Ni siquiera mi nombre. No registró ni siquiera eso” El colectivo sale de Ciudad Universitaria y se dirige hacia el centro de Buenos Aires. En medio del atardecer los edificios comienzan a iluminarse, hermosos, a destiempo con el dolor de Maga. Sacudiéndose en el asiento de atrás del 37, se levanta los anteojos rojos de Lolita y se limpia unas lágrimas que le asoman. “Por qué?” Piensa, “Por qué no me di cuenta? Qué me pasa?” Y no es capaz de admitir que vive adentro de su cabeza, que imagina y construye sobre lo que imagina, que no se basa en la realidad para armar. Mauro es otro fruto de su imaginación. Gusta de un hombre con el que ni siquiera ha cruzado una palabra, y con la misma falta de criterio de realidad, está segura de que él gusta de ella también. Pero él no sabe ni el nombre de ella y si lo supiera sería igual, porque ella no hizo nada para acercarse, porque ella no puede acercarse. Maga, mientras contiene el llanto, sigue preguntándose por qué y sabiendo que no quiere responderse. No quiere meterse con la respuesta, porque sabe que allí, está el límite de sus posibilidades. Allí, hay cosas que la hieren, hay momentos y escenas que se le presentan como vidrios cortados, como esos pedazos de botellas que la gente pone sobre los paredones para que no entren en las casas. Algo de eso hace ella con su mundo. Está llena de vidrios así, desgarrados, para que no le entren. Es tanta la fuerza que está haciendo para no llorar que en un momento no da más. Cuando el 37 pasa por la Plaza Congreso, se baja eyectada. Casi queda enganchada en la puerta de atrás que se cierra sobre su espalda. Pone un pie en la vereda y se larga a llorar.

Con una imagen incongruente y antigua que le aparece una y otra vez, Maga llora a borbotones sentada en un banco de la Plaza de los dos Congresos. Delante suyo, la gran cúpula verde iluminada, dentro suyo, un dolor imponente que no entiende de dónde viene. O no quiere entender. En su mente todo el tiempo tiene la misma imagen: la puerta de vidrio de la entrada del edifico de su madre, cerrándose sobre el rostro dolido de Germán, hace unos 8 años. El rostro de Germán. Ella adentro. Del otro lado. Ella le cerró a la puerta en la cara a Germán. Y se sintió segura. Él la adoraba, estaba muerto por ella y durante meses la cortejó en silencio, sin una palabra sobre sus sentimientos. Ella lo adoraba, pero le tenía miedo a la intensidad de lo que percibía que sentía Germán. Era inteligente, lindo, divertido, pero ella le tenía miedo. El día que él le dijo en la puerta de la casa de su madre que tenía que hablar con ella, Maga, aterrorizada, le dijo que no le interesaba nada de lo que tenía para decirle. Y sin más, le dio las buenas noches y le cerró la puerta en la cara. Le cerró la puerta al amor. La imagen de Germán desolado detrás de la puerta de vidrio se agranda y la lastima. Maga llora más. Llora el amor fantasma por Mauro, llora el amor que no se animó a sentir por Germán, llora su profunda soledad.

Flavio atraviesa la Plaza Congreso molesto. Muy molesto. Acaba de terminar el documental de tango y eso lo enoja. Lo odia, pero a su vez no quiere soltarlo. Otro tonto rito que tiene asociado a Sanyi. No quiere desprenderse de nada que lo haga rozar, aunque sea mentalmente, la figura de Sanyi. “Sanyi… donde estará?” No puede más que imaginarla dándole matraca al imbécil con el que se fue. “Quién será?” A veces le pone la cara de Eduardo Sarlenga, a veces la de un profesor de step amigo de ella que ya sabe que es gay, pero era muy lindo, a veces la de un negro musculoso y la odia. Y se odia. Se dice que ella seguramente debe sufrir también. Lo debe extrañar, fueron 3 años, a la noche lo debe extrañar, en la cama, sin su cuerpo, lo debe extrañar. Y enseguida le viene la imagen de ella desnuda, con su larga cabellera pelirroja sobre el cuerpo desnudo del negro o del otro y la odia. La odia!! Aprieta los dientes y se dice: “No!!! Sacate ya eso de la cabeza”. Porque se conoce y no se quiere enroscar. No quiere pasar otra noche más sin dormir. En eso, algo lo frena, cree escuchar el llanto de una mujer. Sin dejar de caminar, busca de donde viene el llanto y en un banco ve a una chica que está hecha un bollo, no se le ve el rostro porque lo tiene escondido entre su manos y su pecho. La chica llora desconsolada en una contorsión extraña. En su mano estirada sostiene un par de lentes rojos con forma de corazón iguales a los de “Lolita”. “Lolita” piensa Flavio “Qué ganas de ver Lolita”. Y siente que debería frenarse y consolarla, pero también siente que si lo hace, él corre el riesgo de largarse a llorar y no quiere, no puede. “No” Piensa “Hoy no, hoy que se vayan a la mierda Sanyi y todas las mujeres” y sigue de largo. Por un instante tiene la sensación de que es un error, pero enseguida se dice que esa noche se siente egoísta y solo puede pensar en él y se aleja por la plaza rumbo a su casa. Maga en el banco deja de llorar y levanta la cabeza, mira adelante, al lugar donde hace un segundo estaba Flavio mirándola. Siente algo de calma, no sabe por qué pero empieza a sentirse más tranquila y mira sin mirar como se aleja un chico con una remera violeta.

4. FLAVIO Y MAGA

6 marzo 2010

“Cantala de nuevo, Hormiga.

Flavio está en la cama. Mira el techo. No puede dormir. La ausencia de Sandra es tan tajante en la cama que compartieron durante tres años… Piensa que debería cambiar de lado, pero sabe que tampoco va a resultar. Ya lo intentó y no puede dormir del lado de ella, se siente como si durmiera sobre el fantasma o la sombra del cuerpo de Sanyi, que ya no está ahí. Qué rollo, piensa. Debería cambiar de cama o de posición y toma la almohada y la pone a los pies y se acuesta al revés. Y mira hacia el lado de Sanyi y le aparecen lo pies de ella, tan lindos, tan estilizados, las uñas siempre pintadas. Y se levanta eyectado, mira la cama horrorizado, pensando que una puta cama no le puede ganar. Que quiere dormir, que desde que Sanyi se fue no durmió una sola noche más de 3 horas seguidas. Un día durmió 8 horas, pero porque se tomó las pastillas que el Hormiga le robó a la abuela del geriátrico. Horrible. Durmió bien, pero fue como un trámite, cerró los ojos y de pronto los abrió. Una ausencia de 8 horas, nada parecido a dormir y no quiere eso. No quiere emborracharse, no quiere fumar, quiere dormir, quiere simplemente que le vuelva el sueño. Cerrar los ojos e irse durmiendo lentamente. Suave y profundamente. Sabe que hay una manera. Hasta ahora no ha querido usarla, pero ya no tiene más recursos, así que se tira en la cama, de su lado, agarra el teléfono y  marca como un desaforado.

Hormiga está poniéndole pimienta  a su plato de fideos con aceite de oliva y se está acostando a ver “Asustemos a Jessica hasta morir”. Lo está esperando desde hace exactamente 8 horas y media cuando Liberto pasó por el negocio y le entregó la peli y le dijo que le daba un día para verla y después la pasaba a buscar con Prefectura si era necesario. Está excitado, feliz, hace mucho que espera este momento. Pone play y automáticamente suena el teléfono. Hormiga lo ignora, no piensa atender. Pero sigue sonando y cuando mira de costado el identificador de llamadas, ve que es Flavio. Y no puede. A él no puede no atenderlo. Pone pause y atiende. Flavio suena mal, muy mal: “ Hormiga… te necesito” Y Hormiga le dice que lo siente pero que no puede ir a la casa ahora. Flavio le contesta que no, que no hace falta. “Qué te pasa?” dice el otro. “No puedo dormir, necesito dormir… “No tengo más pastillas de mi abuela” se ataja Hormiga. “No dice Flavio “Te llamé porque… necesito que me cantes” “Eh???” Salta Hormiga. “Dale, cantame la canción esa… la que me cantaste cuando murió mi viejo, te acordás? Qué volvimos en el colectivo, sentado en el fondo y vos me la cantaste y yo me dormí.” Y Hormiga dice que era un ocasión especial… que no… Pero Flavio insiste e insiste  y Hormiga que para Flavio tiene el sí flojo, deja el plato de fideos sobre la mesa de luz, pone stop en la película y le empieza a cantar…

Flavio escucha, cierra los ojos y escucha. La voz del Hormiga y esa canción le recuerdan la muerte del padre y por primera vez en muchos días se siente mal por otra cosa que no es la ausencia de Sanyi. Empieza a dormitar lentamente, a entrar en un placentero sopor cuando suena el celular de Hormiga. Hormiga sin dejar de cantar mira el identificador y no reconoce el número, es de la zona piensa, pero no lo conoce. Flavio no queriendo desvelarse: “No contestés, seguí…” Pero Hormiga no sabe, porque si es un número de la zona pueden ser los del club Fangoria que están organizando la fiesta de Corman, y él insistió mucho para que lo inviten, es más,  se tuvo que hacer socio y pagar una cuota anual. No, él no se la quiere perder, y le dice a Flavio: “Creo que es importante, banca un segundo” y atiende: “Hola…

“Hola dice Maga del otro lado. “Quién habla?” pregunta Hormiga… “Vos no me conocés, bah, me conocés pero no me conocés. Yo te alquilo pelis.  Soy la chica que siempre va los viernes a última hora”. Hormiga tenso: “De dónde sacaste mi número? “Te fui a devolver “Lolita” y llegué cinco minutos antes, pero no estabas” “No” dice él “Me tuve que ir antes, un accidente familiar… pero para eso me llamas?” “No” dice ella “Bueno, sí… el vecino de tu negocio me dio tu celular, es que nada, te va a parecer absurdo o tonto, pero me encantó la película” “Cuál?” “Hormiga, dale seguí, que me desvelo” dice Flavio del otro lado. Lolita” dice ella. “Es la primera película que me recomendás que me gusta y la primera en años que veo entera y me conmueve” Hormiga tapa el celular y le habla a Flavio: “ Le gustó Lolita “A quién?” dice Flavio. “ A la mina que le recomendaste eso” “Yo no recomendé nada. Yo quiero dormir, seguí cantando” “Ahora va” dice Hormiga y Maga que lo escucha: “Qué? No, nada, que me alegro” manda Hormiga. “Sí dice ella y se embala, se pone verborrágica en su entusiasmo: “Fue genial… es genial desde los títulos te digo, nunca vi unos títulos de apertura así… y la escena en la que Humbert la ve a ella por primera vez, que escena! Es un genio ese tipo… perdoname que te llame a esta hora pero no me podía dormir y necesitaba decírtelo y me gustaría que me recomiendes mas”  “Sí” dice él… “Obvio, pero… bancame un segundo y seguimos hablando” “Dale” dice ella y bosteza. Hormiga tapa el celular, cree que ella no escucha y le sigue cantando a Flavio que se va durmiendo. Maga que escucha la canción del otro lado, sonríe y cierra los ojos, bosteza nuevamente y se va adormeciendo ella también. Hormiga sigue cantando. En eso, Hormiga termina y escucha un tremendo silencio: “Flavio… estás ahí?” Y nadie contesta. Flavio se ha dormido escuchándolo, baja el inalámbrico y sube el celular: “Nena, estás ahí? Perdón, pero ni siquiera sé como te llamás…  estás ahí? Silencio. Ella tampoco contesta, y es que Maga, también se ha dormido escuchando al Hormiga.