13. FLAVIO Y MAGA

La dimensión desconocida

“A dónde?” Pregunta nuevamente Flavio, extrañado. “A Santa Clara”, le repite Hormiga. “Mi prima me presta la casa”.  Y Flavio le dice: “La verdad que no te puedo creer”. “Yo tampoco” dice Hormiga “Hace dos años que no me tomo vacaciones. Dos años hace que no salgo de la ciudad y no me había dado cuenta”. “Dos años” repite Flavio. “Sí, desde que nos fuimos a Merlo, te acordás’”. Y Flavio asiente mientras mete a Sanyi, la gata de Sanyi, ex Cigala, dentro de la jaula que trajo Hormiga. “Seguro que Sanyi no la quiere?” pregunta Hormiga”. “No” dice Flavio seco. “No le preguntaste”, acota el otro.  “No” confiesa Flavio. “Ni le voy a preguntar. Cuando me diga algo le digo que se escapó de vuelta”. Hormiga se ríe. “Che, qué mala onda mentir así”. Flavio lo mira con sorna: “Tuve un buen maestro”. “Yo ya no miento más, sabias?”. “No” dice Flavio “Qué pasó?  Te dejo de ver una semana y cambiás completamente, hasta te vas de vacaciones”. “Sí” dice Hormiga “Eso es culpa de Maga”. “Maga?” “Sí, la chica que conocí. La que le llevó la gata… Sabés quién es? La rompe que siempre llegaba los viernes a última hora al negocio, la que yo te llamé mil veces para pedirte ayuda con las películas para recomendarle… te acordás?” “Ah, sí…” dice Flavio…. “Es divina, y no sabés qué linda”  “Y qué,  estás enamorado? Te vas con ella de viaje?” pregunta Flavio algo celoso. Hormiga lo mira, sonríe y dice: “Ni en pedo. Es una amiga”. “Una amiga? Si vos no tenés amigas”. “No tenía” acota Hormiga “No podía, pero ahora sí… y sabés por qué? Porque me di cuenta que estaba enojado con las mujeres”. “Enojado?? Dice Flavio “Por qué?”. “Ni idea, a tanto no llegué, pero estaba muy enojado… por eso puteaba tanto a Sanyi también y me parecía una chota”. “Es una chota” dice Flavio. Hormiga lo mira con compasión: “Pobre no es chota… y cuando se te pase la bronca a vos, te vas a dar cuenta que la relación ya estaba y que ella por lo menos tuvo huevos para jugar algo, para hacer algo”. “Ah,  ahora la culpa es mía” resopla Flavio. “Nadie tiene la culpa, Flavio, pero ya está. Por suerte soltaste. Y ella también. Ya está. Game over” y lo mira al otro con ternura . “Te voy a extrañar, macho, cuando vuelva armemos algo para salir… ” Y le sonríe amenazador: “Eso sí, cuidame bien el boliche”. Y se abrazan un segundo más de lo normal y se miran al salir del abrazo y se sonríen chiquito y se palmean el hombro y parece que van a decirse algo más, que a los dos les cuesta terminar el momento, pero no…  Hormiga agarra la jaula, abre la puerta y silbando la cortina de “La Dimensión Desconocida”,  se va.

Viernes 21:57

Flavio está tan contento. El también se tomó una semana de vacaciones. Dejó la isla de edición y reemplazó a Hormiga en el video. No puede creer estar hablando con tanta gente por día. No puede creer estar recomendando películas y contarlas, ver a la gente en vivo y en directo. No puede creer que haya una vida detrás de la pantalla de la compu. O delante. Es viernes, ya se termina casi la semana y su reemplazo. Lo va a extrañar. Tanto que empieza a pensar en asociarse con Hormiga en el negocio o en poner otro, no sabe bien qué, pero ya sabe que a la isla no vuelve. Y con la felicidad y la excitación de un náufrago que ha avistado al barco que lo salvará, toma las llaves para ir a cerrar la puerta del local.  Está poniendo la llave en la cerradura cuando siente que golpean el vidrio, levanta la vista y la ve. Ella golpea el vidrio y le hace señas de que le abra. A Flavio le viene a la cabeza la voz de Hormiga: “…la rompe que siempre llega los viernes a última hora al negocio, la que yo te llamé mil veces para pedirte ayuda con las películas para recomendarle… “ Es linda,  piensa Flavio, tiene razón Hormiga… es  muy linda. Maga le sonríe y Flavio siente un escalofrío que le recorre el cuerpo. “No, no puede ser” Piensa y abre la puerta. “Hola” dice ella sonriente. “Hola” dice él, nervioso. “Perdón, está abierto todavía, no?” “Sí!” Sentencia él y la hace entrar. Ella pasa y le aclara que le tenga paciencia que no sabe bien qué llevar. Él cierra diciéndole que todo bien. Ella, mientras mira las tapas de las películas por las que van pasando, lo acribilla: “Con Hormiga es mas fácil, me conoce re bien, él siempre me recomienda cosas perfectas”. Flavio no se achica:  “Querés que te recomiende yo… mirá que puedo ser como Hormiga o mejor…” Ella lo mira de costado: “No creo, él jamás se equivocó con ninguna que me recomendó…” “Teneme fe” le pide él y va hacia un estante y agarra un película y se la da sin dudarlo, “Soñar, soñar” de Leonardo Favio. Ella mira la cajita un instante y en ese tiempo él anota algo en un papel. “Vos estás seguro? dice ella, “No me gusta mucho el cine argentino”. Y él le extiende el papel y se la juega: “Es mi teléfono, llamame cuando termine la película y me contás.”

Soñar, soñar

Flavio está en el sillón, con la campera aún puesta, en la misma posición en la que llegó del videoclub, mirando el reloj del celular. Ha calculado el tiempo en que ella tardó en llegar a su casa, un tiempo lógico para hacerse una comida o comer algo recalentado y la duración de “Soñar, soñar” : 85 minutos. Ya se ha cumplido el tiempo y ella no lo llama. “No le gustó. Fracasé. No va a llamar”. Y se siente hundido por un segundo, un segundo que es como un abismo o un acantilado, un segundo que le duele justo por debajo de las costillas, un segundo que podría sepultarlo y/o catapultarlo a la calle o a la cama, pero no… no se catapulta ni se sepulta, solo mete la mano en la profundidad del bolsillo de su pantalón y saca la chapita en forma de corazón con el celular de Maga. La ha llevado con él desde que la encontró tirada, como un amuleto. Mira su pata de conejo, y sin pensarlo más, la llama. Oye el tono de llamada. Una y otra vez. Nadie contesta. Flavio sufre, el acantilado, el abismo vuelven aparecer contundentes, pero él los espanta y sostiene… y sostiene, y el milagro sucede. “Hola…” dice Maga con la voz estrangulada. “Hola” dice él “Maga?” “Sí, dice ella, quién habla?” Y Flavio siente unas  ganas enormes de cortar porque se le ocurre que la interrumpió en un mal momento y que ella ni vio la película o la vio y no le gustó y ahora está en otra historia por supuesto mucho más importante, por supuesto con otro tipo, mucho más lindo, mas inteligente, con más plata y hasta con más pelo que él…  pero no, sostiene, vence nuevamente el vértigo y dice: “Flavio habla…” y la voz de ella cambia por completo y le dice: “Flavio!!! Qué bueno que llamaste… la gata esta se comió el papel con tu teléfono y no sabía cómo llamarte.. y se queda… “De dónde sacaste mi teléfono…?” Él se queda en silencio… un segundo… y luego arroja: “De la ficha del Video Club…”  “Ah, claro” dice ella…   Y él no le da tiempo y nervioso al extremo manda: “Y… te gustó?” “No” dice ella “Me encantó. Me enloqueció. Tenías razón, sos mejor que Hormiga recomendando… él me recomendó muchas pero como ésta ninguna… ” Flavio sonríe, siente que el mundo se le ensancha, que de repente el horizonte está mucho más allá de Congreso… y se acurruca en el sillón y le pide a Maga que le cuente… todo…  Y ella se ríe y le empieza a hablar de la película y de todas y cada una de las cosas que le gustaron… y juntos van desgranando la película y sus vidas en una conversación que dura toda una noche. Una noche de una profunda intimidad y alegría que los hace sentir plenos y les regala la promesa de una nueva vida.



FIN FLAVIO Y MAGA

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