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12. ANA Y EL GORDO

29 enero 2010

El primer día del resto de nuestras vidas o “Hablá Ana, sé que sos vos”

Amaneció  hace rato en Parque Chas. Por la ventana de la cocina de Nuria, luminosa y moderna, se ve el jardín lleno de flores de colores y pasto muy verde. Nuria lo cuida bien. La cocina es amplia y prolija. Las cortinas color pastel se agitan levemente con la brisa que entra. Todo está en calma. Tanta calma que da miedo. Es una foto detenida, silenciosa y cruel, como la de las revistas de decoración, ambientes hermosos de casas sin gente. Tan ausentes de vida que duele. La cocina de Nuria duele esa mañana, por un segundo, porque de un momento a otro, la pava empieza a silbar y Nuria entra a apagar la hornalla discutiendo con Ana.

“Por qué?” Grita Nuria.  “Porque te lo estoy pidiendo” dice Ana. “Porque lo necesito, es mi cable a tierra” “Es un celular” dice Nuria. “Que en este momento necesito mas que el agua” “Genial, llamalo al pibe y pedíselo” “No puedo” dice Ana. “No quiero volver a verlo ni hablarle en mi vida” “No seas pendeja” le dice Nuria. “Por favor” le dice Ana. “Por favor.” Y la mira con esa cara. Nuria se enoja. “Por qué? Por qué termino siempre haciendo lo que no quiero?” Dice Nuria y marca el número del celular de Ana. Ana logra que ella haga lo que no hace por nadie.  Qué es, piensa: gratitud? Imposibilidad de decir que no. “Una sola vez llamo” dice Nuria. “Si no me atiende, lo siento. Es una sola vez y le pido que traiga el teléfono.” “Acá no!” dice Ana. “Va a querer hablar conmigo.” “Y?” dice Nuria. “En algún momento vas a tener que hablar con él.” “No” dice Ana. “Sólo quiero mi celular. Mirá si me llama el Gordo. Si me llaman los chicos.” Nuria la mira. “Los chicos van a llamar desde el campamento? No contesta nadie. Corto. “Nooo” dice Ana.

Una versión de “Cae una lagrima sobre el teléfono”  bien trash, bien dark suena al palo. Javi toca la guitarra y canta. Ni bien terminan el tema, en el primer segundo de silencio en la sala de ensayo se oye un celular. Todos se miran. Javier dice: “Loco, que dijimos de los teléfonos.  Todos los músicos palpan sus celulares y todos dicen mío no es. Javi se queda. Ve que el sonido viene de su mochila. “Perdón. No dije nada.” Y va a su mochila y busca y saca el celular de Ana. En el display dice: Nuria. Javi atiende y se queda en silencio. “Hola…” dice Nuria… “Hola!” Javi no sabe si contestar o no… Nuria le dice: “Javier? Sos Javier…” Javi no dice nada…  “Soy Nuria, la hermana de Ana, ella me pidió que llame, necesita recuperar el celular…” “Sí” dice Javi “Se lo quería devolver, se lo olvidó…” “Sí, ya sé” dice Nuria y ve que Ana le hace gesto de que abrevie. Y Nuria le hace gesto de que la corte. Mientras, escucha que Javier le dice que decime a donde se lo alcanzo. “Ah… vos me lo alcanzarías?” Y ve que Ana le hace gesto de que NO. Y le habla a la hermana al otro oído del que tiene el teléfono y le dice que te lo dé en un bar. Y Nuria se la saca de encima y sigue hablando. “Anotá, Dublín 2338. Sí, también es Parque Chas”

Cuando Nuria corta, Ana está indignada. “Por qué le dijiste que venga?” y Nuria: “Para recuperar tu celular ya y no escucharte quejar más que si el Gordo te llama vos no te vas a enterar. Y porque ayer fue mi cumpleaños y como regalo me gustaría que me des la posibilidad de verle la cara al pendejo…  En serio canta?”

Javi guarda la guitarra en su funda. Enzo, el baterista se acerca. Ya te vas? “Sí“ dice Javi. Quedate, traje unas flores de mi terraza para compartir, te van a matar. Javi le dice que no se puede quedar, que tiene que hacer. Dale le dice el otro un segundo las probás y te vas. No dice Javi “Me están esperando. Y Enzo le dice  a los otros: “che, que cortado el Javi ya se va. Tenemos que hablar del show del 4 y de los temas nuevos”. Javi dice que en el próximo ensayo que se tiene que ir. Pero que cambien la fecha del 4 al 6 porque él tiene partido con los chiquitos de las inferiores de All Boys. Y se va. Enzo se acerca a Chili Willi que está armando y le dice: “En qué anda este?” Y Chilli le dice que se enamoró. “No! Cuándo?” “El sábado, fue a bailar y se enamoró.”

Cuando suena el timbre en casa de Nuria, Ana se pone muy nerviosa. Nuria va a atender y Ana le dice que no tarde mucho y que si él le pregunta no le diga que está ahí, que no le diga nada de ella. Nuria hace una venia y sale a la calle. Cierra la puerta con dos vueltas de llave. Eso a Ana la perturba, por qué cerró? Tiene miedo que salga? Qué le pasa? Y no puede con ella. Y se acerca a la ventana y espía por las hendijas de la persiana. Alcanza a ver a Nuria de espaldas a ella. Y a Javi que está tapado con el cuerpo de la hermana. Ve la funda de la guitarra. Quiere que la hermana se corra, quiere que hablen más fuerte. Quiere saber, quiere entender.

Nuria no deja de mirar a Javier que busca en su mochila el celular de Ana. Le causa mucha sorpresa que el Pendejo sea como es. Se lo imaginaba San Isidro y nada que ver. Su hermana no deja de sorprenderla. Y se queda un instante colgada mirando el brazo de Javi. Él le dice: “Acá está.” Y le  da el celular. Ella lo agarra y le sonríe. “Cómo está Ana?” Nuria le hace un gesto ambiguo levantando los hombros. “ Te pidió que no me digas nada” “La conocés bien” dice Nuria. “Está acá, en tu casa?” Y Nuria le dice: “Mirá, me pidió que recupere su celular… y que no abra la boca. “Y vos le hacés caso en todo a tu hermana.” Nuria sonríe de costado “Sos muy chiquito para cuestionar así relaciones familiares que no conocés” “ Y ustedes son muy grandes para comportarse así” Nuria lo mira, le cae bien el Pendejo. Y le dice: “Mirá, vos tenés razón, pero yo a vos no te voy a volver a ver en mi vida. Y ella es mi hermana. Probablemente estemos juntas en el mismo geriátrico y hasta la voy a tener que enterrar… o la voy a necesitar para que me entierre” Y se sonríe. Javi no, Javi no se sonríe. “Tienen el mismo humor ácido”. “Eso dicen” dice Nuria con orgullo. “No sé porque les da tanto orgullo eso”, dice Javi sacándole la ficha. “A vos no te conozco, pero tu hermana, creéme que tiene cosas mucho más valiosas que el humor ácido.  Mandale un beso. Chau” Y se va. Nuria se queda dura, paralizada. Hace años que nadie le pone los puntos así. Mientras el Pendejo se aleja hacia la esquina y ella no deja de mirarlo, escucha que Ana patea la puerta de su casa por dentro e intenta abrirla como una desaforada.


Encerrada en mí.

Ana patea la puerta y forcejea con la manija. Inútil, está cerrada: “Abrí Nuria. Abrí!!!” Grita. Y se calma recién cuando escucha la llave en la cerradura. Nuria abre y la ve inyectada en sangre. “Estás loca!!!” se dicen al mismo tiempo. “Vos!!! Como se te ocurre dejarme encerrada.” “Estaba a medio metro, no te iba a pasar nada” “Por qué me encerraste???” “Para evitar que me dejes en ridículo. Estaba segura que un segundo después de que yo le diga al chico ese que no estás… vos ibas a aparecer dejándome como una imbécil.” “Te preguntó por mí?” “Obvio.” “Y que le dijiste?” “Nada. Que sólo tenía orden de agarrar tu teléfono. Te mandó un beso.” Y le extiende a Ana su teléfono. “Lindo pibe. Maduro para ser tan Pendejo”. “Qué te dijo? De qué hablaron?” “No tiene importancia” dice Nuria. “No, sí, quiero saber todo” dice la otra. “Hubieras salido. Hubieras dado la cara. Pero no quisiste. Sólo querías ver si te llamó el Gordo. Bueno, fijate si te llamó el Gordo. Si hay algún llamado de él”. Y Ana se va a fijar. Y cuando abre el celular, suena. Nuria pregunta. “Es el Gordo?”  “No sé” dice Ana  “Dice privado”. Y no sabe si atender o no.  “A lo mejor llama con *31# para que lo atiendas.” Y Ana se apresura a atender.

Nuria comiendo una tostada de pan integral y queso crema mira a su hermana que termina de hablar con el Pendejo. Ni bien corta, Ana deja de llorar, y se seca las lágrimas. Se queda en silencio un instante. Nuria no se atreve a cortar ese silencio. Pero la mira. Ana no la mira. Traga saliva. Sólo mira su celular en la mano. Hasta que lo abre nuevamente y mira las llamadas perdidas. Y se larga a llorar, más fuerte que antes. “Qué? Qué pasa?” dice Nuria. Y Ana la mira con los ojos llenos de lágrimas. “No me llamó. El Gordo no me llamó ni una vez”.


El fin de la agonía.

Han pasado 7 días. 7 días con sus 7 noches. 7 noches eternas y dolorosas en las que Ana no dejó de desear llamar al Gordo ni una vez, pero su hermana siempre la frenó. Le pedía que respire y que espere. Que piense. Pero Ana sólo se lamenta. El Gordo Turres, ese Gordo maldito!!! Ni un mensaje de texto le mandó. Ni un mensaje de texto en 7 días y llora Ana, ante la mirada de la hermana que le dice: “Pensá, Ana… algo bueno tiene que haber tenido. Para que llores así, para que te desgarres así, algo bueno tiene que haber tenido… ese Gordo maldito.”

Sentado en una silla de playa que tiene los caños oxidados. El Gordo se ha mantenido ahí durante los últimos 7 días. No ha salido más que para ir al baño o intentar comer lo poco que le pasaba por la garganta, casi nada y de vuelta a la reposera. No se quiere mover de ahí. No se va a levantar para nada. Quiere que lo encuentren muerto. 7 días que lo dejó y ni un llamado. Bah, eso él no lo sabe porque desconectó el teléfono, para no enterarse, para que cuando llame Ana y no conteste nadie crea que él se murió…

Han pasado 7 largos días, pero tanto Ana como el Gordo saben que la agonía tiene final. Y falta muy poco. Mañana los chicos vuelven de Córdoba adonde fueron de campamento con los boy scout de la iglesia. Mañana es el día D. El fin de la agonía. El Final.

Ana y el Gordo saben que se acerca el momento de la verdad. El problema es que ninguno de los dos parece saber cuál es su verdad.

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5 noviembre 2009