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13. FLAVIO Y MAGA

7 mayo 2010

La dimensión desconocida

“A dónde?” Pregunta nuevamente Flavio, extrañado. “A Santa Clara”, le repite Hormiga. “Mi prima me presta la casa”.  Y Flavio le dice: “La verdad que no te puedo creer”. “Yo tampoco” dice Hormiga “Hace dos años que no me tomo vacaciones. Dos años hace que no salgo de la ciudad y no me había dado cuenta”. “Dos años” repite Flavio. “Sí, desde que nos fuimos a Merlo, te acordás’”. Y Flavio asiente mientras mete a Sanyi, la gata de Sanyi, ex Cigala, dentro de la jaula que trajo Hormiga. “Seguro que Sanyi no la quiere?” pregunta Hormiga”. “No” dice Flavio seco. “No le preguntaste”, acota el otro.  “No” confiesa Flavio. “Ni le voy a preguntar. Cuando me diga algo le digo que se escapó de vuelta”. Hormiga se ríe. “Che, qué mala onda mentir así”. Flavio lo mira con sorna: “Tuve un buen maestro”. “Yo ya no miento más, sabias?”. “No” dice Flavio “Qué pasó?  Te dejo de ver una semana y cambiás completamente, hasta te vas de vacaciones”. “Sí” dice Hormiga “Eso es culpa de Maga”. “Maga?” “Sí, la chica que conocí. La que le llevó la gata… Sabés quién es? La rompe que siempre llegaba los viernes a última hora al negocio, la que yo te llamé mil veces para pedirte ayuda con las películas para recomendarle… te acordás?” “Ah, sí…” dice Flavio…. “Es divina, y no sabés qué linda”  “Y qué,  estás enamorado? Te vas con ella de viaje?” pregunta Flavio algo celoso. Hormiga lo mira, sonríe y dice: “Ni en pedo. Es una amiga”. “Una amiga? Si vos no tenés amigas”. “No tenía” acota Hormiga “No podía, pero ahora sí… y sabés por qué? Porque me di cuenta que estaba enojado con las mujeres”. “Enojado?? Dice Flavio “Por qué?”. “Ni idea, a tanto no llegué, pero estaba muy enojado… por eso puteaba tanto a Sanyi también y me parecía una chota”. “Es una chota” dice Flavio. Hormiga lo mira con compasión: “Pobre no es chota… y cuando se te pase la bronca a vos, te vas a dar cuenta que la relación ya estaba y que ella por lo menos tuvo huevos para jugar algo, para hacer algo”. “Ah,  ahora la culpa es mía” resopla Flavio. “Nadie tiene la culpa, Flavio, pero ya está. Por suerte soltaste. Y ella también. Ya está. Game over” y lo mira al otro con ternura . “Te voy a extrañar, macho, cuando vuelva armemos algo para salir… ” Y le sonríe amenazador: “Eso sí, cuidame bien el boliche”. Y se abrazan un segundo más de lo normal y se miran al salir del abrazo y se sonríen chiquito y se palmean el hombro y parece que van a decirse algo más, que a los dos les cuesta terminar el momento, pero no…  Hormiga agarra la jaula, abre la puerta y silbando la cortina de “La Dimensión Desconocida”,  se va.

Viernes 21:57

Flavio está tan contento. El también se tomó una semana de vacaciones. Dejó la isla de edición y reemplazó a Hormiga en el video. No puede creer estar hablando con tanta gente por día. No puede creer estar recomendando películas y contarlas, ver a la gente en vivo y en directo. No puede creer que haya una vida detrás de la pantalla de la compu. O delante. Es viernes, ya se termina casi la semana y su reemplazo. Lo va a extrañar. Tanto que empieza a pensar en asociarse con Hormiga en el negocio o en poner otro, no sabe bien qué, pero ya sabe que a la isla no vuelve. Y con la felicidad y la excitación de un náufrago que ha avistado al barco que lo salvará, toma las llaves para ir a cerrar la puerta del local.  Está poniendo la llave en la cerradura cuando siente que golpean el vidrio, levanta la vista y la ve. Ella golpea el vidrio y le hace señas de que le abra. A Flavio le viene a la cabeza la voz de Hormiga: “…la rompe que siempre llega los viernes a última hora al negocio, la que yo te llamé mil veces para pedirte ayuda con las películas para recomendarle… “ Es linda,  piensa Flavio, tiene razón Hormiga… es  muy linda. Maga le sonríe y Flavio siente un escalofrío que le recorre el cuerpo. “No, no puede ser” Piensa y abre la puerta. “Hola” dice ella sonriente. “Hola” dice él, nervioso. “Perdón, está abierto todavía, no?” “Sí!” Sentencia él y la hace entrar. Ella pasa y le aclara que le tenga paciencia que no sabe bien qué llevar. Él cierra diciéndole que todo bien. Ella, mientras mira las tapas de las películas por las que van pasando, lo acribilla: “Con Hormiga es mas fácil, me conoce re bien, él siempre me recomienda cosas perfectas”. Flavio no se achica:  “Querés que te recomiende yo… mirá que puedo ser como Hormiga o mejor…” Ella lo mira de costado: “No creo, él jamás se equivocó con ninguna que me recomendó…” “Teneme fe” le pide él y va hacia un estante y agarra un película y se la da sin dudarlo, “Soñar, soñar” de Leonardo Favio. Ella mira la cajita un instante y en ese tiempo él anota algo en un papel. “Vos estás seguro? dice ella, “No me gusta mucho el cine argentino”. Y él le extiende el papel y se la juega: “Es mi teléfono, llamame cuando termine la película y me contás.”

Soñar, soñar

Flavio está en el sillón, con la campera aún puesta, en la misma posición en la que llegó del videoclub, mirando el reloj del celular. Ha calculado el tiempo en que ella tardó en llegar a su casa, un tiempo lógico para hacerse una comida o comer algo recalentado y la duración de “Soñar, soñar” : 85 minutos. Ya se ha cumplido el tiempo y ella no lo llama. “No le gustó. Fracasé. No va a llamar”. Y se siente hundido por un segundo, un segundo que es como un abismo o un acantilado, un segundo que le duele justo por debajo de las costillas, un segundo que podría sepultarlo y/o catapultarlo a la calle o a la cama, pero no… no se catapulta ni se sepulta, solo mete la mano en la profundidad del bolsillo de su pantalón y saca la chapita en forma de corazón con el celular de Maga. La ha llevado con él desde que la encontró tirada, como un amuleto. Mira su pata de conejo, y sin pensarlo más, la llama. Oye el tono de llamada. Una y otra vez. Nadie contesta. Flavio sufre, el acantilado, el abismo vuelven aparecer contundentes, pero él los espanta y sostiene… y sostiene, y el milagro sucede. “Hola…” dice Maga con la voz estrangulada. “Hola” dice él “Maga?” “Sí, dice ella, quién habla?” Y Flavio siente unas  ganas enormes de cortar porque se le ocurre que la interrumpió en un mal momento y que ella ni vio la película o la vio y no le gustó y ahora está en otra historia por supuesto mucho más importante, por supuesto con otro tipo, mucho más lindo, mas inteligente, con más plata y hasta con más pelo que él…  pero no, sostiene, vence nuevamente el vértigo y dice: “Flavio habla…” y la voz de ella cambia por completo y le dice: “Flavio!!! Qué bueno que llamaste… la gata esta se comió el papel con tu teléfono y no sabía cómo llamarte.. y se queda… “De dónde sacaste mi teléfono…?” Él se queda en silencio… un segundo… y luego arroja: “De la ficha del Video Club…”  “Ah, claro” dice ella…   Y él no le da tiempo y nervioso al extremo manda: “Y… te gustó?” “No” dice ella “Me encantó. Me enloqueció. Tenías razón, sos mejor que Hormiga recomendando… él me recomendó muchas pero como ésta ninguna… ” Flavio sonríe, siente que el mundo se le ensancha, que de repente el horizonte está mucho más allá de Congreso… y se acurruca en el sillón y le pide a Maga que le cuente… todo…  Y ella se ríe y le empieza a hablar de la película y de todas y cada una de las cosas que le gustaron… y juntos van desgranando la película y sus vidas en una conversación que dura toda una noche. Una noche de una profunda intimidad y alegría que los hace sentir plenos y les regala la promesa de una nueva vida.



FIN FLAVIO Y MAGA

12. FLAVIO Y MAGA

30 abril 2010

“Presente, señorita”

Flavio abre la puerta y ella está ahí. Ella. Sanyi. Y su perfume. La hace pasar, ella entra con ese andar felino de conquista, ese leve moverse de la cabeza, histérico, dando lugar a un juego que hace mucho que no juegan. Él lucha con su voz interna que le dice: “Sos un boludo, te cagó y vos la invitás a cenar”. Cierra los ojos y se pide para adentro no escuchar más eso. No torturarse más con lo que pasó. Vivir el momento, el instante. Ella en su avance por la casa elogia las velas que él encendió, elogia el olor a la carne con curry que sale del horno, el cuadro nuevo que colgó y la remera que se puso. El elogio excesivo irrita un poco a Flavio. Pero cree que es por dolor. Por la puta voz interna detractora de Sanyi. Él le pide que se siente a la mesa que la comida ya está y ella lo hace. Él va a la cocina y saca la carne del horno. El olor es delicioso. Pero no bien apoya la bandeja con la colita de cuadril sobre la mesada, y hunde el cuchillo para cortarla, ni bien la hoja entra en la carne jugosa, crocante por fuera y sangrante por dentro, como les gusta a los dos, una pregunta enorme que lo abarca todo se le viene encima: “Qué estás haciendo?” “Qué carajo estás haciendo?!” y cómo si le trajera las respuestas, Sanyi entra en la cocina y dice: “Necesitás ayuda?” Él la mira. Silencio entre ambos. Esa sensación de tiempo detenido. “Está preciosa” piensa él. Y ella lo mira a los ojos, sabiéndose dueña de un poder infinito: “Estás bien, Flavio?” Él la mira y no, no está bien. Ella se acerca más y él, de una, se le tira encima y la besa en la boca. Sanyi trastabilla sorprendida, casi se cae. Fue algo bruto el movimiento, pero ella enseguida corrige y se agarra del cuello de Flavio. “Que rápida es” piensa él, “que bien se mueve”. Y la besa y la acaricia de arriba abajo, recorriendo el cuerpo que ha amado durante tres años. Se siente seguro y excitado. Se besan desesperados, desaforados, de una manera nueva y contundente. Ya no importa la carne, la cena, ya no importa quién tiene la culpa, ni el dolor ni la ausencia. Van a hacer el amor como nunca, como siempre y Flavio se siente feliz de estar viviendo el presente.

“No” dice Maga. “Está bueno”. Hormiga le pide que no le mienta. Sabe que es pésimo cocinando. Ella le dice que el mentiroso es él. Hormiga se ríe. Ella le dice que no es comida gourmet, son unas salchichas con huevos fritos. “Pero me gustan”. “Te gusta cualquier cosa” dice él. “No” dice ella “la verdad que no”. La verdad que la mayoría de las veces no sé lo que me gusta”. “Es imposible eso” dice Hormiga. “Uno siempre sabe lo que le gusta, lo siente en el cuerpo”. Y ella dice que no, que ella no lo siente. Que está por momentos como anestesiada. Muchas veces se da cuenta que siente dolor cuando ya hace rato que está llorando y no entiende por qué. “Soy negadora” dice “muy negadora, hice del ir para adelante tapando lo que siento, un leitmotiv y ya no doy mas”. “No se te nota” dice Hormiga. Ella lo mira desconcertada: “No?” “No” sentencia Hormiga. “Perdoname pero a mí me mostraste una amplia gama de emociones en un corto lapso de tiempo”. Maga sonríe y dice que este momento, hoy, es diferente. “Y todo es culpa de Sanyi” “Qué?” dice Hormiga. “La gata esa…” aclara Maga… “es como que me abrió. Tenerla y perderla me hicieron darme cuenta lo sola que estoy y lo metida para adentro. Y no me gusta, no quiero eso más en mi vida. No sé como mierda se hace pero no quiero más eso. No quiero más cenar sola, no quiero más despertarme sola los domingos… Sabés cuántas noches hace que duermo sola?” “No” dice él “ni idea”. “270 noches” dice ella. Él le sonríe y dice: “Yo hace 340. Te gané.” Y se ríen juntos. Y ella se ríe y llora y le dice: “Ayudame, tengo que recuperar a Sanyi, no se por qué pero siento que ella es la clave para que yo empiece a ser feliz”

Sanyi y Flavio yacen en la cama boca arriba, desnudos, sobre el acolchado nuevo. Ella sonríe, se acomoda el pelo en un gesto que vendría a equivaler a: “qué buen polvo, estoy feliz” y se acurruca junto a él. Flavio tiene los ojos cerrados y una expresión que podría significar: “Estoy exhausto, que polvazo” Pero no. significa otra cosa. “Estoy exhausto, que polvazo, cuánto esperé esto y sin embargo ahora quiero que se vaya, cómo se lo digo sin que piense que es revancha y sin que haga un escándalo” Abre lo ojos y la mira. Ella le sonríe y le pregunta: “Estás bien? La pasaste bien?” “Sí” dice él. “Muy bueno”. “Qué lindo” dice ella “Qué lindo volver a sentir tu cuerpo”. “Sí” dice él, “pero tenemos que hablar”. “Después” dice ella, “Flavio, no nos enrollemos, vivamos el presente”. Y él la mira muy calmo, es la clase de comentario de ella que odia y que ahora se da cuenta que odió siempre, esa parte didáctica fascista de Sandra, esa manera de decirle que él no sabe y ella sí, esa manera de decirle que tiene que aprender de ella ciertas cosas. Pero está vez algo cambió. Él cambió. Y no se enoja. Y le dice: “Estoy en presente Sanyi, mi presente y pasé un momento genial con vos, que nos lo debíamos, que yo tenía muchas ganas de que suceda, pero ahora, en este segundo, en este instante tan profundo, siento deseos de estar solo y siento que ya está. Que estuvo bueno y que es un final. Ese es mi presente”. Sinceramente Flavio creyó, por la sonrisa de ella, que se lo iba a tomar bien, pero no. Hizo un escándalo y se brotó. No soportó que el presente no sea como ella quería y había planeado. Y Flavio, entiende todo, o parte. Entiende qué le ha dolido y le duele tanto de ella. No es que lo haya ignorado y ninguneado cuando lo dejó. No, es darse cuenta que siempre lo ninguneó. No importa más que lo que ella quiere. Y se siente tan aliviado. Durante estos meses lo torturaba pensar qué había hecho mal, qué hizo mal para que ella se vaya. Y ahora se da cuenta de que no es él. Es ella, que no lo puede ver. Y no sabe cómo, están peleando en el comedor y no sabe cómo, él abre la puerta y ella se va. Y él cierra y vuelve a sentirse aliviado otra vez. Sabe que ya está. Que no es posible terminar bien con Sanyi, porque ella nunca va a admitir que él pueda tomar una decisión por él mismo. Flavio, en pelotas en medio del living, sube el volumen de la música y se pone a bailar desaforadamente. Un circulo terminó. Se siente libre, y con ganas de ser amado y de amar como hace tiempo no sentía.

11. FLAVIO Y MAGA

23 abril 2010

Acompañado y solo.

Flavio espera que lo atiendan nervioso, acaba de marcar el número de la chapita en forma de corazón. No sabe para qué lo está haciendo, ni por qué, es como un impulso, una suerte de extraña certeza de que hay algo por ahí. “Una extraña certeza” piensa, “Qué boludo. Qué cosas pienso”. Y empieza a sufrir, esperando que lo atiendan. Quiere que lo atiendan.

El celular de Maga suena y suena. Maga inmutable. Hormiga que está sentado junto a ella tomando un café le dice: “No vas a atender?” “No , dice ella, no sé quién es, el número no lo conozco. Que deje mensaje”. “Puede ser importante o urgente” dice Hormiga. “Que deje mensaje” dice ella y le sonríe. A Hormiga le gusta la postura de Maga, pero insiste:  “En serio,  no te da intriga?” “No” dice ella. Y él que mirá si es el destino… “Que deje mensaje” dice Maga. Y Hormiga se ríe: “Te podés estar perdiendo de algo grande”… y ella que puede ser o puede ser que atienda y sea algo urgente que la saque de ahí y se termine perdiendo eso que están haciendo ellos. Y Hormiga le dice que ellos no están haciendo nada. Y Maga que están hablando y tomando un café. “Ah, sí” dice él. “Y sabés una cosa” dice ella “Sos la primera persona en meses que invito a mi casa y con la que hablo por más de quince minutos de cosas que no sean boludeces”. “En serio” dice él… “Sí” dice ella… “Vengo de un período de ostracismo del que me acabo de dar cuenta recién, por tanto que hablamos”. Hormiga se ríe. Le dice que sabe del tema. Ella se sorprende: “No parecés muy solitario vos”. “No” dice Hormiga… “pero a veces uno se aísla igual entre la gente”. “Sí, sostiene ella, “A veces somos islas. Rodeadas de mucha agua, nos atrincheramos en medio del océano. Qué será lo que no queremos entregar?” Hormiga sonríe, no puede creer lo bien que le hace hablar con ella y escucharla. Y tiene una risa tan cálida. Lo hace sentir como en casa.

Flavio mira el celular, no lo atendió nadie en el número de la chapita. Sólo un contestador, de los de la empresa telefónica, impersonal. Odia eso, le gusta cuando la gente deja su mensaje. Él se dice que tiene el poder de conocer a la gente por su voz y sus gestos. Un defecto profesional. Una idea surgida de las entrañas de la isla de edición en la que vive la mayor parte del día. Se la pasa mirando y escuchando gente, y rebobinándola y adelantándola y fundiendo y pegando. Cientos, miles de personas con las que convive. Personas que a él no lo conocen ni lo conocerán, pero que él tiene en su retina y su memoria como si fueran familiares. Rostros y voces que se lleva cada día con él cuando termina de trabajar. A algunos, alguna vez se los cruzó luego en la calle y pensó, yo a este lo edité. Y se sintió orgulloso del cruce. A otros hasta les imaginó vidas. “La puta” piensa, aún parado en el medio del living con la campera puesta. “Tengo que cambiar de laburo,  qué solo estoy.  Que acompañando pero solo”. Y se angustia, no quiere estar solo. Y marca en su celular otro número.

Hormiga se está  riendo a carcajadas de Maga con los lentes en forma de corazón que le imita una línea de texto de “Lolita”. Es muy graciosa piensa, que este momento no termine nunca. Y suena su celular… mira el identificador de llamadas. Ella hace una carita con los anteojos puestos y dice: “Es el destino?” “No” dice él….  Y piensa  que debería atenderlo a Flavio y decirle a ella que es mi amigo el que tiene la gata, pero si lo hace van a tener que ir a lo de Flavio a buscar a la puta gata y se va a cortar ese momento tan lindo, tan intenso. Y no quiere. Hace años que no se siente tan relajado con una chica, ni tan él con una persona. Siente que no tiene que fingir nada,  que no tiene que competir, que vale por él. El celular sigue sonando. Ella lo mira y sonríe. Y él baja el volumen y le dice: “A ver dame los lentes…” y se los pone él… y le dice el la línea de texto de Lolita y los dos se ríen esta vez.

Flavio corta al borde del abismo. Otra vez un contestador. Hormiga no lo atendió. Dónde está? Qué está haciendo? Por qué carajo no lo atiende? En estos tres meses nunca dejó de atenderlo. A lo mejor está ocupado o se olvidó el teléfono en algún lado. A lo mejor lo tiene apagado. No, apagado me hubiera atendido el contestador de una. O se quedó sin batería. Es lo mismo que apagado. No me atendió. O no escuchó. O lo que sea. Él sabe que no tiene nada que reprocharle a su amigo que estuvo al pie del cañón durante estos tres meses, pero igual siente que empieza a reprocharle. No quiere estar solo. No quiere. Sabe que el Alien lo está empezando a carcomer por dentro y que le va a ganar. Sanyi volvió y él necesita hablar con alguien. Necesita sacar de adentro lo que tiene atravesado y tiene que ser ya. Ya. Ya. Ya. Porque además del Alien está el deseo que avanza. Sanyi no volvió sola. Volvió con el pasado y con las sensaciones que quedaron truncas cuando lo dejó, y no sabe por qué, pero así a la distancia él parece empezar a desearla más que cuando estaban juntos. Y odia eso. Odia el maremoto de sensaciones intensas y contradictorias que empiezan a aparecerle. Lo odia. Odia sentir que viene avanzando por la espalda, por detrás, algo a paso agigantando que no puede contener. No quiere. Quiere poder dominarse. Quiere hacer las cosas de otra manera, pero ya está cerca la marea, y camina por la casa tratando de alejarse de esa sensación, que lo sigue, como una niebla espesa y  cálida, como un aire tórrido y tropical que quiere envolverlo. Se mete en el cuarto y cierra la puerta pero la bestia entró con él. Se tira en la cama. En medio de la cama, con la campera aún puesta, mira el techo tratando de resistir. Pero es inútil, la bestia lo posee y sin más, saca el celular del bolsillo y marca el número que tanto se resistió a marcar. Lo atienden enseguida. Desde un plano cenital él cierra lo ojos y se abandona a su destino.

“Hola, Sanyi… soy yo”.

“Flavio…” dice ella… y a él le hormiguea el cuerpo de solo escuchar eso.

“Sanyi…” dice él con un tono que parece significar que aun la adora y le perdona todo.

“Flavio” repite ella, sonriendo, como feliz de escuchar eso…

“Sanyi” repite él, como diciéndole… qué loca! Todo lo que hiciste! Casi como retándola.

“Flavio…” enuncia ella como pidiéndole disculpas.

Y se hace una pausita.

“Flavio…?” pregunta  ella apurada, con temor a que él haya cortado.

“Sanyi.”  Aclara él, tranquilizándola, diciéndole estoy acá…

“Flavio…” exhala ella aliviada. “Flavio…” vuelve a repetir como diciéndole te extrañé tanto, te necesito.

“Sanyi…” dice él como afirmando nuevamente la pertenencia. Y se quedan un segundo en silencio. Y luego él dispara, por fin, una frase entera.

“Me gustaría verte. Querés venir a casa a cenar esta noche?”

10. FLAVIO Y MAGA

16 abril 2010

El regreso del Pasado.

Flavio sale del baño. Secándose la cara con la toalla. Secándose la cara con la toalla. Secándose la cara con la toalla. No quiere sacar nunca más la cara de la toalla. Pero lo hace y ella sigue allí. Está sentada en el sillón, acariciando a Bebo con esas manos largas y elegantes, con esa suavidad que solo ella tiene.

Sanyi levanta la vista. Lo mira. Le pide con un gestito y su vocecita mas chiquita que se siente junto a ella. Él traga saliva y le dice que no, pero no tarda un segundo en hacer lo que ella le pide. Ella está ahí y su cuerpo quiere estar cerca del de ella. Flavio se sienta junto a Sanyi y ya el aroma de su perfume lo perturba. Le trae cientos de imágenes que no quiere de vuelta. La tibieza del cuerpo de Sanyi, puede sentirla a la distancia, como un aura. Qué cosas pienso, se dice. Un aura. Soy un boludo. Y la mira. Ella se acerca más a él, como admitiendo que no puede estar lejos de su cuerpo tampoco. Él no le dice nada. La necesita cerca. Soy un boludo, piensa. Por lo menos escuchá lo que tenga para decirte.

Ella le dice “Me equivoqué. Quiero volver. Necesitaba espacio, libertad, aventura”.

“Me heriste mucho” dice él. “Lo sé” dice ella. “Me imagino y no me lo perdono, Fla. No soporto haberte causado tanto dolor”.

Flavio la mira y asiente.

Ella lo mira y le pasa la mano por el pelo, por sus rulos. “Es tan hermoso tu pelo, sos tan lindo… Te extrañé, sabés?” “No” dice él. “Cómo voy a saber, no sé nada de vos… desde ese mensaje de texto que me mandaste”. Y ella lo mira y le dice “sé que fue poco, pero era lo que sentía y no te lo podía caretear. Era eso.” Y Flavio la mira, seco y recita casi: “estoy viva, Flavio, y pasando por un momento muy intenso y de gran cambio. Sólo puedo decirte que pase lo que pase con lo nuestro, me siento honrada de haberte conocido”. Ella lo mira y sonríe, “Lo sabés de memoria” “Sí,” dice él, “lo miré cien, mil veces, durante un mes, no podía dormir…” Sanyi baja la vista. “Me hiciste mal” le dice él. “Es lo que sentía, Flavio.” “Honrada de haberme conocido?” Le dice él. “Quién soy yo? Perón? Tres años y vos te sentís honrada, que honré?” Dice Flavio. “Tu memoria, honré? Si te honré, por qué te fuiste así? Por qué me mentiste? Por qué me engañaste con otro?.”

Sanyi dice que no lo engañó. Ni le mintió. Y Flavio le grita casi, que omitir es tan choto como mentir. Y Sanyi le pide que se calme, que baje el tono y ataca con que estábamos mal. Vos siempre editando, o dando clases, casi no nos veíamos. Y él que para eso eran las vacaciones. Para reencontrarnos, para volver a vernos. Sanyi que a veces no se puede volver a verse en una vacación, que uno no se reencuentra porque lo decida por calendario. A veces es la vida y las cosas que nos pasan las que nos reencuentran. O no. Te fuiste sola, loca, conmigo no te querías reencontrar. Le dice él. Y ella que necesitaba reencontrarme conmigo. Y él, nervioso, herido, celoso: “Y? Te encontraste? Dónde estabas? En el bosque de Arrayanes o chupándosela al que te hizo sentir viva?” Y ella se enoja en serio, y le pide firme que la corte, “No va el sarcasmo,  Flavio. Tratá de abrirte, de escucharme.” Y él le dice: “Agradecé que te abrí la puerta y fue porque me agarraste desprevenido”. Y ella le dice hice mal en venir. Y él que me tendrías que haber llamado antes… y ella que es mi casa, también. Y estos son mis muebles y mis gatos… y agarra a la gata y la acaricia… y ve la medallita: Sanyi y el número de teléfono de Maga. “Y esto qué es?”

Maga está sentada en el umbral de un edificio, llora desconsolada, mientras trata de ponerle cinta scotch a unos carteles patéticos que ella misma hizo con su puño y letra: “Busco gatita perdida, se llama Sanyi, tiene chapa identificatoria con nombre. No tengo foto. Recompensaré información.” Su letra es horrible, infantil, torcida por el dolor. Ella lee el cartel y se siente perdida. Jamás va a encontrar a Sanyi.  Se siente pésimo. Se siente tan chota. Se fue, la gata se le fue. Y  no sabe por qué le importaba tanto en tan poco tiempo y se le fue. Tira el marcador negro con furia, y se larga a llorar sobre el cartel y corre todas las letras. No sabe cuanto tiempo pasa hasta que alguien le dice: “Estás bien, loca?” Y levanta la vista y lo ve al chico del Video Club, el que le regaló la gata y se quiere morir!! Cómo le dice que perdió la gata de la abuela!

El Hormiga ve a Maga llorando y siente inmediatamente ganas de salir corriendo. Él no puede con el dolor, y sobre todo con el ajeno. El propio ni lo registra. Apenas un poco de mal humor cuando algo lo pone mal y después se evade. Tiene miles de estrategias para evadirse, las películas de terror, las maratones de películas de terror, las revistas especializadas en películas de terror, los clubes de fans de las películas de terror, todo de terror. Piensa rápido y no tiene tiempo de buscar una excusa para irse de al lado de Maga, porque ella no bien lo ve se abraza a él. Fuerte, muy fuerte y con una congoja que saca a Hormiga de todo pensamiento. Hormiga se sumerge en la congoja de Maga como nunca ha hecho en la de ninguna mujer. Al único ser que le toleró los dolores ha sido Flavio, por eso lo sorprende tanto sentir lo que siente en este abrazo con esta desconocida.

“Qué carajo es esto?” Dice Sanyi “Le cambiaste el nombre a mi gata?” Y Flavio le dice que no, que no sabe bien que es eso, que ya va a averiguar, que después le contesta. Ella le dice que no, que quiere saber ahora. Y sigue: “Cambiaste de celular?” No, dice Flavio, no es mi celular. “Y de quién es? Y por qué le cambiaste el nombre a Cigala”. Y Flavio quiere que se vaya, sabe que es raro lo que pasa pero también sabe que ella está haciendo tiempo para quedarse, cualquier situación que se prolongue es peligrosa para ambos, pero mucho más para él. Ella toma la medallita y repite el número en voz alta: “154423038”. Y agarra su celular y empieza a marcar.

Maga angustiada le dice a Hormiga que la gata que le regaló, “Sanyi”, la que era de su abuela, se le escapó. Y Hormiga le dice que no importa. Y ella que se siente muy mal, de alguna manera la quería. Hormiga insiste con que se olvide. Que es un mensaje que se haya ido. “Un mensaje de qué?” dice ella y Hormiga la mira tentado de contarle todo.

Sanyi no llega a terminar de marcar el número porque Flavio le saca el teléfono y la medallita en forma de corazón y le dice que deje eso. Ella lo mira y no entiende por qué se puso tan nervioso. Él le pide que se vaya, que mañana hablan, que necesita estar solo. Y Sanyi lo mira largo y le dice que está bien, pero que si no le jode va a ir hasta la pieza a buscar un par de cosas que necesita. Por supuesto que a Flavio le jode, pero no tiene huevos en ese momento para decirle que no. Ella va hacia la pieza y la gata la sigue contenta. Ni bien cierra la puerta, Flavio se arroja sobre el teléfono.

Hormiga le da a Maga un pañuelo de papel y le dice que se le corrió el coso de los ojos, que le queda gracioso. Ella se limpia el rimmel apenas corrido y le agradece. “Sabés que me jode más?” dice ella, “que la había empezado a querer, que nunca tuve mascota, y empezaba a ser importante para mi”. “Era un jodida” dice Hormiga. “Sanyi?” pregunta ella sorprendida.  “Sí” dice Hormiga. Y le suena el celular y atiende de una.  Del otro lado está Flavio exasperado: “Hormiga!!! Volvió!!!” “Quién volvió?” pregunta Hormiga desprevenido. “Sanyi!!!!” Grita susurrado Flavio. “Sanyi volvió???” dice Hormiga muy sorprendido. Maga que escucha, se pone alerta: “Sanyi?? Adónde volvió???” Hormiga frenándola le dice ”No, la gata, no…” pero Flavio  del otro lado, que escucha, dice: “No, sí, la gata también volvió…” “Volvió la gata?” dice Hormiga. “Sí, la encontró un vecino en el ascensor, Hormiga decime que está pasando, tiene un chapita que dice Sanyi y un número de teléfono”. Hormiga le dice que después te explico, “dónde está Sanyi?” “En el cuarto buscando cosas” Hormiga dice: “mierda!” Y piensa que evidentemente es un película clase “B”, las dos Sanyi vuelven al mismo tiempo, no es lógico, es un recurso de guión, pésimo. Pero a Flavio solo le dice: “qué loco”. “Sí, muy loco” dice el otro y Hormiga que como sea, él lo que necesita es que le dé la gata ya, la persona que la tenía está destruida y se la tenemos que dar. Maga junto a Hormiga asiente y le pregunta: “Dónde está? Es muy lejos?” “No, está en la casa de mi amigo, el ex dueño de la gata” Ella sorprendida: “No  era de tu abuela…?” Hormiga sonríe tenso: “Después te explico…” y sigue hablando con Flavio y le dice que van a pasar ya a buscar a la gata. Flavio le dice que no, de ninguna manera, que ahora no puede que él lo llama cuando resuelva con Sanyi  y agrega: “Pensá bien todo lo que me vas decir,  porque me vas a tener que explicar como mierda hizo la gata para venir desde el campo hasta Congreso y por qué ahora se llama Sanyi…” y justo vuelve la verdadera Sanyi del cuarto seguida por la falsa gata Sanyi y Flavio le dice a Hormiga que después lo llama y le corta.

Hormiga corta y mira a Maga. “Alegrate, una buena, la gata está bien y segura” Maga asiente y le sonríe. Hormiga siente un nudo en la garganta. Y de nuevo, ella se le abraza fuerte, fuerte, pero ahora no con angustia, ahora es un abrazo cálido, intenso. En medio del abrazo ella le dice: “Gracias, gracias…” Él no puede creer sentirse tan bien, y piensa en que será que tiene esta chica que le trae tantas sensaciones juntas en un solo día.

Sanyi avanza hacia Flavio con una bolsa de ropa. Llega hasta él, deja la bolsa y lo mira intensa. “Cómo hago?? Cómo hago para que me perdones…” y él seco: “Podrías empezar por pedirme perdón”. “Ya lo hice” dice ella, “varias veces”. “No” dice él… “ni una vez… dijiste que vos no te perdonabas, a vos… pero a mí no me pediste ni una puta vez perdón”. Y va hacia el sillón, agarra su campera y le dice que se tiene que ir. Ella lo mira y dice esperá, Flavio. Y él que no se te ocurra pedirme perdón ahora. Y ella que no… que tienen que tomar una decisión. “Ahora?” dice él “De qué?” “De cómo seguimos” dice ella. “No seguimos, Sany. Te fuiste a buscar tu vida. Espero que la hayas encontrado, ya está”. Y ella que no es así. Que él sabe que como sea, tienen que hablar. Él le dice que no. “No puedo. Loca, vos te vas cuando querés y volvés cuando querés?! No es así! No es todo a tu tiempo y antojo!” Y se queda. “Te admito que así fueron siempre las cosas entre nosotros. Pero ya no. Yo tengo mis tiempos” “Largos” dice ella. “Cómo sean” dice él. “Son los míos. Y ahora no quiero hablar. Y no sé si quiero hablar con vos” Sanyi baja y le dice que tiene razón, que se va que va a la casa de la madre. Que hablan a la noche. Y toma sus cosas y se va. La puerta se cierra por fin, y Flavio se queda con la campera puesta, en medio del living,  no sabe qué hacer. Otra vez solo. Mira la chapita roja en forma de corazón y sabe que lo único que tiene que hacer ahora es llamar a ese número.  Y llama.

8. FLAVIO Y MAGA

2 abril 2010

Sanyi regresa (Parte 3)

“Sanyi. 154423038” lee Maga en voz alta. Le gusta. Sonríe mientras le dice a la Gata: “quedó bien. Te queda bien”. Y se ríe por dentro de su madre, que se burló de ella cuando compró el collar y la medalla. “A los gatos no se les pone eso, si nunca lo vas a sacar a pasear. Es para lo perros. Deberías haberte comprado un perro”. “Pero tengo un gato, mamá, una gata… Sanyi, y me la regalaron… no la compré. Estoy en contra de comprar animales”. “Por qué?” dice la madre, “hoy en día hasta el sexo se compra y no es nada malo”. Y Maga toma aire, ya sabe donde termina esa conversación, en el mismo lugar de siempre, en el taxi boy que tuvo el invierno pasado. Como le gusta hablar a mamá de eso, siente como que humilla un poco a los hombres, que ella también paga por sexo, o pagó, y se siente con algo de poder. Pero no se da cuenta, no registra por un puto segundo que con eso, más que sostener algún tipo de dignidad, ella se convierte en un hombre más. “Mamá, no tienen nada que ver las mascotas con el sexo”. “Sí!” dice la madre “Es una compañía. Es parte de llenar el mismo hueco”. “NOOOO, mamá, te juro que yo con mi gata no pretendo llenar el mismo hueco que vos. Chau.” Y le corta. Y se toca el corazón, “Por qué?? Por qué hablar con mi vieja es siempre terminar con taquicardia”. La tía Celia, la hermana de mamá, la que debería haber sido mi madre, dice que es un rasgo adolescente, de las dos, que tanto ella como yo estamos en el mismo estadio muerto de la adolescencia. Yo tengo más derecho que mamá, según la tía Celia, pero igual, mal no me vendría salir de ahí y madurar. Aunque mamá no lo haga jamás. “Qué linda”, le dice a la gata. Y se enorgullece de haberle comprado esa chapita con forma de corazón y haberle hecho grabar el número de su celular, es como apropiarse de la gata. “Sanyi es mía. Y el mundo lo va a saber.” Es raro para Maga sentir que tiene algo propio, le gusta esa sensación, le gusta Sanyi. La acaricia y le da un besito en la cabeza y toma sus cosas para irse a dar clases. Sanyi la mira con los ojos entreabiertos. Maga sabe que todavía no se encuentra del todo en la casa y por las noches duerme junto a la puerta de calle, pero entiende que ya se hallará. Abre la puerta y se le caen las llaves. En el tiempo que se toma en recogerlas, Sanyi salta del sillón y se escapa. Maga le grita, pero la gata encara la escalera y baja hacia la Planta Baja. Maga la sigue desesperada. Baja los escalones de dos en dos y cuando llega al palier de Planta Baja, busca a la gata pero no la encuentra. En la puerta está Obdulio, el portero, limpiando el portero eléctrico de bronce. La puerta de calle abierta, cosa que a Maga la alarma aún más. “Obdulio, no vio pasar a una gata?” “No” dice él “Pero estaba de espaldas.. es que no salen las manchas de acá del portero. Tienen que tener cuidado cuando tocan porque lo manchan, señorita” y Maga en medio de su desesperación no puede creer que le esté contestando: “Mire, yo vivo acá, no toco el portero… dígale a la gente que viene…” y mira para todos lados buscando a la gata. No la ve. Pasa una señora con un changuito de las compras, Maga le pregunta por la gata, y la señora le dice que la vio pasar hacia la esquina. Maga le agradece y sale corriendo, mirando en todos los umbrales, deseando que Sanyi esté allí; pero llega a la esquina de Virrey Ceballos y Alsina y no hay rastros de la gata. Mira hacia la plaza de Congreso, mira hacia Entre Ríos, mira hacia los cuatro puntos cardinales, tratando de adivinar por donde se fue Sanyi. Su Sanyi. Elige Entre Ríos y corre hacia la avenida deseando encontrarla con todo su corazón.

Flavio se lava la cara en el baño de su casa. Se mira en el espejo. Está más flaco. Toma la toalla y se seca el rostro y luego las manos. La escena tiene aroma a  dejá vu. Pero él no se quiere enganchar. Tarde. Suena el timbre. A Flavio se le hiela la sangre, queda detenido. Sin dejar de secarse las manos con la toalla, como en su fantasía, y con el corazón bombeándole a mil, va hacia la puerta del departamento y la abre. Frente a él está Paco, el vecino del primero piso. La desilusión es enorme. Tiene que hacer un esfuerzo para escucharlo y entender que le dice. Paco, con el ascensor abierto, le pide que venga a buscar a su gata que está en el ascensor. Dice que estaba en la puerta de calle cuando él llego y ni bien abrió se metió como loca en el edificio y luego se le metió en el ascensor, que él la quiso agarrar pero está medio agresiva. Flavio le dice que no, que es imposible, que su gata está en el campo, lejos. Pero Paco insiste: “nene, es tu gata… mirá.” Flavio con miedo se asoma al ascensor y por entre las puertas de rejas abiertas, la ve. Sí, es ella. Su gata. No entiende nada. La agarra y la entra a la casa. Le agradece a Paco cree, no sabe porque está shockeado. Deja a la gata en el piso y recién ahí nota que tiene una chapita con forma de corazón. Lee la chapita y se le hiela la sangre: “Sanyi y un número de teléfono, qué es esto??” Bebo viene a saludar a Cigala. Se frotan, se miman felices.  “Sanyi???” Sigue diciéndose Flavio. “Qué es esto??? Y vuelve a sonar el timbre y Flavio, esta vez, abre la puerta automáticamente y ni tiempo tiene de nada, el mundo se le detiene. Frente  él, ahora sí, está Sanyi. Su Sanyi. La que lo dejó con un mensaje de texto, la que no dio señales de vida por dos meses, la que estaba viviendo un momento muy intenso y de gran cambio, está ahí, frente a él y lo mira con culpa, como pidiéndole disculpas.


7. FLAVIO Y MAGA

26 marzo 2010

Sanyi regresa (Parte 2)

Maga no sabe bien como fue. Ella entró a buscar una película y se llevó un gato. Un gata. Hormiga no sabe tampoco como fue, pero ni bien la vio supo que era ella, que ella se llevaría a su problema. Flavio no entiende nada. Se siente solo y culpable. Y tentado de llamar a Hormiga y pedirle que por favor le devuelva la gata.

Viernes 21:57. Maga, con los lentes rojos de corazón, le pide a Hormiga, como siempre, que le recomiende algo. Algo tan bueno como “Lolita”, le dice, y él le contesta que no hay nada tan bueno como eso. Y se muerde, sabe que él no  puede recomendarle nada que le guste, que si quiere complacer a esa chica, tiene que llamar a su contacto. Y mientras la manda a Maga a que recorra un poco a ver si ve algo que la tienta, se esconde y llama a Flavio. Agachado, detrás del mostrador, tiene delante suyo la puerta de rejas de la jaula en la que adentro descansa Cigala. La gata lo escucha marcar el celular y abre los ojos. Lo mira entre las rejas. Hormiga corre la vista justo cuando su amigo lo atiende.

Flavio atiende el celular mientras cambia de lugar el sillón de dos cuerpos, quiere dar vuelta todo el living, necesita un cambio ya. Hormiga, hablando bajito, le dice que necesita ayuda: “Recomendame una película” “Ahora?” dice Flavio sin dejar de hacer.  “Sí, ya, es para la mina que le recomendaste “Lolita”. Dale, decime otra que le guste”.  “Y yo que sé, si no la conozco!” “Yo tampoco” dice Hormiga, “pero tirame algo, que a mí no se me ocurre nada” Y Flavio se mira la remera gris con el dibujo de Woody Allen… y le dice: “Annie Hall”… “Qué?” dice Hormiga… “Annie Hall, dos extraños amantes le pusieron acá… la de Woody Allen” “Ah” exclama Hormiga, “la vi hace mil…” “Sí” resalta el otro, “la vimos juntos y te quedaste dormido”. “Y vos querés que le recomiende esa?” “No, vos querés que le recomiende algo. Esa película es genial, ya te recomendé, listo.” “OK” dice Hormiga… “ok…” y va a cortar pero esta vez, Flavio lo frena: “Qué sabés de Cigala?” Hormiga mira a la gata que lo mira ladina delante suyo. “Todo bien. Me acaba de llamar mi amigo, bah, el amigo de mi hermana… que llegó recién al campo… se bancó bastante bien el viaje la loca… y ni bien llegaron él la llevó junto con los otros gatos que tiene y ella se integró perfecto ” “Mirá que bien” dice Flavio, casi celoso, como molesto porque la gata se haya integrado tan rápido. “Y sí, mejor” dice Hormiga. “No, sí” dice Flavio. “A veces, a uno le cuesta un montón hacer algo y resulta que es lo mejor para los demás, no?” “Totalmente” dice Hormiga. “A veces uno hace un pequeño movimiento que abre un mundo. Cambiás de lugar una pieza y eso cambia todo”. “Sí” dice Flavio, “Totalmente. Chau y gracias.” Y corta. Hormiga corta sin dejar de mirarse a los ojos con la gata. Flavio corta y mira el sillón de dos cuerpos que ha cambiado de lugar, e inmediatamente procede a volverlo a su espacio original, y lo deja donde Sanyi lo puso  el día que lo compró, el día que se fue.

Hormiga mira a la gata y por primera vez en la jornada se siente mal. Que está haciendo? Realmente cree que así Flavio va a olvidar a Sandra? Realmente lo estará ayudando con esto? No sabe, pero él nunca sabe, se mueve más por instinto. Aunque la cabeza no le pare nunca, él, se mueve por instinto. Y ahora no sabe por qué abre la puerta de rejas y saca a la gata y la abraza, como conteniéndola. La acaricia. “Encontré esto pero, no sé” escucha Hormiga. Levanta la cabeza y allí arriba apoyada en el mostrador está Maga, mostrándole la tapa de “Annie Hall” Hormiga no se la puede creer. Ella le dice que la agarró porque le gustó la foto. Hormiga se incorpora con la gata en la mano y le dice anonadado que justamente le iba a recomendar eso. “Nooo”, dice Maga “qué bueno, transmisión de pensamiento” y mira a la gata en brazos de Hormiga con una sonrisa. “Qué lindo…” “Linda, es una hembra” “Es muy hermosa” dice Maga. “Sí” dice Hormiga “y de buena” Maga pregunta “es tuya?” “No” dice Hormiga. “Ah.. es de acá” “No, me la dieron, la tengo que regalar…” “Nooo, pobre” “Sí, dice Hormiga, es de… “ y se frena, por un segundo estaba dispuesto a decirle la verdad, pero no puede, no quiere… “era de mi abuelita”. “Se murió? Pregunta Maga”. “No” contesta el otro, “pero tiene Alzheimer y es un desastre. Ayer fui a comer a la casa y… por suerte fui temprano, porque mi abuela cocina como los dioses pero así como está no puede sola y no va que me llama para que la ayude a meter la fuente con la comida en el horno… y… voy, y la estaba metiendo a la gata…” “Nooo…” dice Maga. “Sí”  dice él, compenetrado con la mentira. “La semana pasada dejó el gas abierto… y hace diez días se confundió al empleado de Edenor con mi abuelo, que falleció hace años, y lo encerró en el baño y le gritó de todo, porque mi abuelo le metió los cuernos a mi abuela, mucho… y la dejó, hace veinte años. Ella lo vio al tipo que vino a ver el medidor y medio que lo secuestró, el tipo le pidió permiso para hacer pis y ella lo encerró y le entró a decir de todo, de todo… como que se lo tenía preparado por años eso” Maga asiente fascinada… “Lo estaba esperando. Bueno, por lo menos se lo pudo decir… no? Aunque no sea tu abuelo, ella lo pudo decir. Se sacó de encima lo que tenía guardado”. “Sí, dice Hormiga, de alguna manera sí.” “Y por suerte salvaste a la gata y a vos, de habértela comido” dice Maga y acaricia a Cigala. “Y que vas a hacer con ella?” “No sé” dice Hormiga “bah, sí, la tengo que regalar”. “Claro, agrega Maga, vos tenés perro”. Hormiga se queda duro, sorprendido de que ella recuerde lo que hablan: “Sí, claro”  “Y sigue enferma tu perra?” Le pregunta ella “…no, ya está bien, pero no puedo tenerla”. “Claro” dice la otra sin dejar de acariciar a la gatita. “No la querés?” dispara Hormiga. Maga la mira: “Nunca tuve mascotas. Mi vieja es alérgica y mi papá anarquista” “Anarquista??” se sorprende Hormiga. “Pensé que no quedaban.” “Quedan, papá y mi tío Astolfo”. Hormiga esboza una sonrisa: “Astolfo y Anarquista, qué vida tu tío”. “Sí” dice ella, “ no sabés que vida” “Y? te la llevás o no?” Ella sonríe: “Me la llevo. Alguna vez hay que empezar algo nuevo, no?” “Claro” dice él “a veces uno hace un pequeño cambio en su vida y eso cambia todo”. Ella sonríe. Él levanta los hombros y agrega: “Me lo dijo un amigo, pero es cierto”. “Sí” dice ella. “Y cómo se llama?” “Flavio…” contesta Hormiga.  “No, dice ella, tu amigo no… la gata…” “Ah, se ríe Hormiga, “se llama… “ Y no sabe por qué, le dice: “Sanyi”. “Sanyi? Pregunta Maga. “Sí, es en honor a una mujer que se fué”. “Se murió? Pregunta nuevamente Maga. “Algo así” afirma Hormiga, y observa como Maga acaricia a la gata y le dice: “Hola Sanyi, querés venir a casa conmigo?”

Viernes 22:15. Hormiga cierra el video club. Se siente raro, vacío.

Maga camina con la jaula de la gata cruzando la plaza de Congreso rumbo a su casa. Mira al animal que duerme adentro. “Sanyi” piensa “qué lindo nombre”.

Flavio está sentado en el sillón de dos cuerpos, en el lado izquierdo. El lado derecho está vacío. Bebo se acerca caminado lentamente y se para delante de él. Lo mira como perdido. Flavio traga saliva. Hay una especie de hermandad secreta entre él y el gato, entre sus soledades no elegidas. Bebo, como si entendiera, se sube al sillón y se instala en el lado derecho. Flavio y Bebo se quedan inmóviles en el sillón, en la penumbra del living y permanecen así, por horas.


6. FLAVIO Y MAGA

19 marzo 2010

Sanyi regresa

Otra puta noche de insomnio, piensa Flavio con odio. No, otra noche sin dormir, no! Y se da vuelta en la cama, tratando de no escuchar el maullido de los gatos  llamándose cada uno a un lado de la puerta del baño. Es un infierno su casa por las noches, los gatos están desmadrados. Se mueven por el departamento buscándose y cuando se encuentran, se pelean. Flavio hay noches que no tiene otra que levantarse y separarlos. Encierra a Bebo, el macho, en el baño para que Cigala no lo pueda molestar. Pero eso es un imposible. Ella se pone a maullar como una loca, con un maullido que parece el llanto de un bebé. Un llanto que lo taladra y lo angustia.  Flavio está entre indignado y paralizado. Él, que no ahorró esfuerzos para poder dormir, él, que se deshizo del colchón que compartía con Sanyi y de la pesada colcha peruana que ella compró en Machu Pichu y él cargó en su mochila por 35 días… él, no puede creer que ahora los gatos estén armando semejante jaleo. Impotente, se envuelve en el acolchado nuevo, que huele todavía al perfume ese que le ponen en los negocios de Palermo. Es lindo el acolchado nuevo, es suave, liviano, nada que ver con la colcha peruana. En eso las mujeres son diferentes, piensa Flavio, nosotros necesitamos liviandad y ellas peso para poder dormir. Ella si no tienen encima una frazada de cemento no pueden. Y se asoma del uteroso acolchado, enardecido, puteando a lo gatos descontrolados: Bebo!!! Cigala!!! Basta!!!! Y se levanta furioso y agarra a la gata y la quiere sacar de la puerta del baño, pero Cigala se le resiste, se aferra con sus uñas a la alfombrita de la puerta. Como es, la muy chota lo busca y lo llama a Bebo y cuando él le da bola… ella lo ataca. Loca! Qué gata loca!

“Muy loca” le dice el Hormiga. “Como la dueña, y sé que soy redundante. Tenés que sacarte de encima esos gatos ya.” Y revuelve el café con leche espeso que le sirvieron en “La Academia”. El sonido de las bolas de billar viene desde el fondo del local. A Flavio lo sorprende que haya gente jugando a las 8:30 de la mañana. Hay un par que parecen haber seguido de largo de la noche anterior y dos tipos de impecable camisa y corbata, con el  saco colgado en un perchero junto a los tacos, que se matan en un evidente desafío que va más allá del billar.  “No me los puedo sacar de encima. Qué le digo a Sanyi cuando vuelva?” Hormiga deja de sorber con ruido el café con leche y lo mira. Se miran. “Todavía creés que va a volver? Todavía esperás que vuelva?” Flavio no le dice nada, pero cada noche espera que vuelva, cada vez que oye el ascensor cree que puede ser ella, cada vez que le parece oír un ruido de llaves en el pasillo cree que es ella, desea que sea ella. Todo el tiempo tiene en su cabeza la escena del regreso. Cómo será todo. Qué harán cuando ella vuelva, cuando pase otra vez por el umbral de la puerta de casa y él la mire viniendo del baño, secándose las manos con una toalla, y ella con la valija y un gesto de: “Perdón, Flavio” lo mira y se le empiezan a llenar los ojos de lágrimas. Y él, duro, la mira y le dice: “Qué hacés acá?? Qué carajo hacés acá???” Y ella, largando las lágrimas por esos ojos celestes preciosos, por esos pómulos perfectos, por esa piel de porcelana, le dice: “Fla, perdón… me equivoqué. Me dejé llevar. Hice todo mal. Perdoname…” Y él niega con la cabeza y le abre nuevamente la puerta de calle y le dice que se vaya, que si quiere sus cosas, que vuelva mas tarde cuando él no está y que le deje las llaves al portero. Y ella llorando se le cuelga del cuello y le habla a los ojos, y él se queda duro al sentir tan cerca el contacto con el cuerpo de Sandra, el aliento de Sandra cerca de su boca… La boca de Sandra cerca de su boca y los cuerpos juntos y ella lo besa y él quiere resistirse, pero no puede, el cuerpo de Sandra tiembla junto al suyo y él la abraza y la besa profundo y cierra la puerta y la entra al cuarto y hacen el amor salvajemente. “¡¡¡¡No va a volver, Flavio!!! ¡¡¡¡Flavio!!! ¡¡¡Hola , Flavio…!!!” y Flavio vuelve en sí abruptamente. Hormiga gesticula frente a él y le dice que deje de vivir en la nube de pedo, que deje de esperar, que viva el día, que solucione el presente. “Número uno, sacate ya de encima a esos gatos.” “No puedo” dice Flavio.  “A uno aunque sea, sacate a uno de encima, a Cigala. Ella lo vuelve loco al Bebo. El Bebo es tranquilo” “Y qué hago?” dice Flavio. “Dámela, yo me encargo” dice seguro Hormiga.  Flavio lo mira con temor:  “La vas a matar?” El Hormiga lo mira y hace una pausita rara.. “Estás loco?? Tengo un amigo que tiene un campo enorme, que ya le di otra gatita, él ama los animales” “Es mentira eso” Dice Flavio “Tus amigos los únicos animales que aman son los de “Cementerio de animales” cuando resucitan… Hormiga finge que se molesta, y le dice que su mundo va más allá de los bizarros del “Club Fangoria” y el “Club Corman”. “Ah sí” dice Flavio “Y quién es tu amigo campesino Charles Ingalls que ama los gatos”. “Beto” dice Hormiga sin dudar y Flavio no saca si es verdad o mentira. “Amigo amigo no es, es amigo de mi hermana, fue compañero del secundario de ella y se fue a vivir al campo. Lo tengo de amigo en el Facebook” “Vos tenés Facebook?? Desde cuándo?” se sorprende Flavio. Y Hormiga le dice. “No, yo no, Orson.” Flavio lo mira sin entender. “Hice un Facebook a nombre de Orson y puse mis fotos y cuento anécdotas que invento… y pongo frases terroristas y de vez en cuando me levantó alguna mina”. Flavio lo mira sin poder creerlo. “Qué mina? Cuándo saliste con una del Facebook” “No, no salí, pero me las levanté, están muertas conmigo, me mandan mensajes y cuando me conecto se me meten a chatear y les hago el entre en el chateo”. Y Flavio lo mira. “Qué entre? Entre a dónde? Porque para hacer el entre luego hay que entrarlas a algún lado y yo no te veo con una mina hace tiempo”. Hormiga se tensa pero disimula: “Yo no necesito a una mina para ser feliz” “Porque no te enamoraste” le retruca Flavio. Y Hormiga responde rápido: “Vos tampoco. Dame las llaves…” “Qué’” dice Flavio. “Dame las llaves de tu casa… voy, entro y me la llevo. Cuando vos vuelvas no te vas a dar cuenta de nada…  A la noche se la llevo a mi amigo y mañana la tipa está en el campo compartiendo la vida con otros animales” Y le extiende la mano: “Dame…” Flavio duda. “Querés dormir esta noche? Querés empezar a pensar en vos? Dame” Flavio toma aire, saca del bolsillos las llaves de su casa y se las pone en la mano. Hormiga cierra la mano, se levanta y sale de la Academia. Flavio lo mira irse sin poder decir nada, no puede creer que vaya a desprenderse de algo que era de Sanyi.

Hormiga entra al departamento de Flavio con una jaula para transportar gatos en la mano. De pasada se la pidió a Jaime el de la veterinaria. Le debe muchos favores, lo zafa siempre con los retrasos en la devolución de las películas. Un vez, tuvo “Querida encogí a los niños” dos meses, el recargo era de $180. Imposible de pagar. Ni bien abre la puerta, los gatos vienen a su encuentro. El los saluda con la misma voz melosa de siempre. Los gatos lo conocen. El le les habla seductor con diminutivos y se siente una asesino serial a punto de cometer su crimen. Abre la puerta de la jaulita y los llama. Bebo se acerca y con una docilidad increíble se mete dentro de la jaula.” No, vos no, pelotudo” le dice Hormiga. “A la que deportamos es a ella. Cigala…!” La llama y ella lo mira desde una prudente distancia como queriendo decirle: “Si me querés… agarrame, pero desde ya te digo que te va a costar”. Y Hormiga amaga ir hacia ella y ella sale huyendo. Hormiga la odia, quisiera haber traído el rifle de aire comprimido. En ese instante, la odia tanto como a Sanyi. La persigue por los pasillos del departamento hasta que la agarra. La toma con firmeza y la lleva hasta la jaula. La mete dentro y cierra la puertita de rejas. Ella empieza a maullar llamando a Bebo que la mira y no dice nada. Está como atontado. Hormiga se apura y sale del departamento antes de que empiece el escándalo.

Sale por Montevideo rumbo a Rivadavia, camina a paso vivo hasta la plaza Congreso y allí se frena agitado. Se sienta en un banco y piensa: “Qué carajo hago con esta gata?” Por supuesto que no existe el amigo granjero de su hermana, ni el campo donde los gatos son felices. Sigue siendo bueno para mentir. Solo quería quitársela de encima a Flavio y que no sufra más. Quería sacarle un problema, pero ahora, recién ahora, es consciente de que el problema pasó a él. Mira a la gente que pasa. Para a un par de personas y les dice que se tiene que ir a Chaco porque un familiar se enfermó y que tiene que dejar a su adorable gata, si no la quieren… Nadie la quiere. Luego modifica el argumento, y a la enfermedad y a Chaco le agrega que él regresa en un par de días y la busca. Ofrece descaradamente dejar su dirección y teléfono, por supuesto falsos. Igual, nadie la quiere agarrar. Luego mira el pasto junto a la calesita y piensa:” La puedo envenenar y la entierro esta noche”. Y se da cuenta que no tiene pala, ni estómago para matarla, así que se dice: “La dejo acá”. Y deja la jaula sobre el banco de madera verde y empieza a caminar como si nada. Alcanza a dar un par de pasos cuando un policía lo detiene y le dice: “Se olvida la jaula, señor” “Ah” dice él “Sí, gracias, es que estoy re mal. Acaba de fallecer mi vieja. Perdón agente” y agarra la jaula y se la lleva, sintiendo que esa gata es una maldición. Camina por la plaza alejándose del uniformado, a las puteadas.  Algo se le va a ocurrir pero ahora se tiene que ir a laburar. No tiene otra que llevarse a la maldición, en su jaula, al video club.

21 horas 52 minutos. Hormiga está al limite de su tolerancia. Faltan ocho minutos para cerrar el negocio y aún no sabe que hará con la gata. Ninguno de todos sus amigos, a los que se pasó la tarde llamando para enchufarles la gata, aceptaron tenerla ni siquiera un día. Se siente desesperado. Él, el hombre de los mil recursos, está desarmado por una maldita gata. Mira el reloj: 21:54. “En un minuto cierro la puerta y veo que hago con ella”. Y toma la llaves del local para ir acercándose a la puerta y la ve. Y sonríe. Ahí está su último recurso. Ahí está ella, entrando con los ridículos anteojos rojos de corazón de “Lolita”. Sonriente, llegando a última momento a elegir una película que le vuele la cabeza. Sí, se dice Hormiga, es ella. A ésta le enchufo la gata así me cueste la noche. Y ve entrar a Maga y le sonríe como nunca. Y la saluda con la mano esperando que su víctima se acerque al mostrador y caiga en la trampa del gato.


5. FLAVIO Y MAGA

12 marzo 2010

La puerta se cerró frente a tí.

Maga llega a la facultad y se mira en el espejo de la entrada. Le gusta como se ve, se pintó apenas los labios con un rojito que la hace ver más viva y se puso los anteojos de sol con forma de corazones rojos, los de “Lolita”, los mismos. Alucinada con la película, los consiguió por Internet y no se los sacó más. Se muere porque él la vea con ellos, así que, desde que entra camina por los pasillos buscando el inconfundible corte de pelo de Mauro. Llega hasta la máquina de gaseosas y se detiene, va a sacar un agua mineral sólo por hacer tiempo, sólo por esperar que él también esté llegando a dar clases y se detenga allí. Pone la moneda, toca el botón, la botellita cae, termina el proceso mecánico y no hay señales de Mauro. La ansiedad le sube por las piernas. Odia que no pase lo que quiere, estaba tan segura que se lo iba a cruzar que detesta irse con las manos vacías, detesta las horas que pasó pensando en este encuentro que se le está por escapar como arena entre los dedos. Gira odiando el momento y odiándose. Se está por ir, pero alguien la toma del hombro, por detrás. A Maga se le detiene el corazón, cree que es él, intuye, está segura que es él y vuelve a girar. Y no es él. Es Irina, la ayudante de cátedra del otro segundo año. Maga sonríe nerviosa, tratando de tapar la desilusión que la arrasa. “Maga… loca, como andás?” chilla Irina. “Bien” dice Maga “Re bien” “La mudanza?” pregunta la otra. “Bien, hace tres meses me mudé”, le responde Maga, algo desconcertada con la pregunta. “Sí, ya sé, pero es un período de adaptación en el que estás” comenta Irina. Maga nota que la chica cogotea mucho cuando le habla, y no la mira. Está, evidentemente, buscando con la mirada a alguien. “Y vos?” dice Maga y se queda hablando con Irina, un poco porque hace mucho tiempo que no la ve, y mucho porque hace un poco de tiempo esperando que Mauro pase. Irina le dice que está bien, re bien. “El sábado te quise invitar a una fiesta” “Sí?’” dice Maga. “Sí” sonríe la otra sin dejar de cogotear. “No quería ir sola y me pareció que te podía gustar” “Y por qué no me llamaste?” pregunta Maga. “Te iba a llamar desde la fiesta si estaba buena… y llegué y no estaba muy buena, pero igual te iba a llamar y no va que agarré el celular, estaba por marcar y me encontré con un conocido, me colgué y no te llamé” “Ah” dice ella “Bueno, pero la pasaste bien” “Genial”, dice la otra remarcando mucho la G. “Muuuy bien” Y sonríe. Maga sonríe también. Y sin solución de continuidad Irina le escupe lo que se muere por escupirle: “El chabón me invitó a Chascomús este fin de semana”. “Nooo” dice Maga que todavía no terminó de asimilar “chabón” que la otra ya está en Chascomús. “Mirá que loco” dice por decir, es lo único que se le ocurre. “Sí” dice la otra “Y más porque a mí ni me gustaba al principio. Siempre me pareció un tipo mas bien… soso, hasta medio nabo, pero tiene onda en la cama. Mucha onda…” “Mirá” dice Maga que con su cerebro recién llegaba a Chascomús y la otra ya se metió en la cama del “chabón”. “No, yo si no me gusta todo no puedo”, dice Maga y traga saliva, no le gusta hablar de esto con Irina. La otra canchera le dice: “Sos de las que te seduce la inteligencia, el humor y la onda, no?” “Sí” dice Maga “Mucho más que un buen cuerpo, muuuucho más”. Y ella también alarga las “ues” burlándose de Irina. Pero la otra no se da por aludida “A mí no. Obvio que tiene que tener onda, pero si me pusiera tan exigente me hubiera perdido ese bomboncito” y señala hacia la otra punta del pasillo donde está viniendo Mauro. Maga se queda helada. Irina levanta la mano y saluda a Mauro con un sonoro: “Hoooola!!” Él se acerca, ella se le adelanta y le da un beso en la boca. Maga queda petrificada junto a la máquina de gaseosas. Cuando termina el beso, Mauro la mira y le dice: “Hola, qué hacés Marian?” “Maga” lo corrige Irina. “Maga” corrige Mauro con cero culpa. Maga solo atina a decir: “Todo bien…” y baja la cabeza avergonzada. “Chau, no vemos” y se va. Mientras se aleja, por el reflejo del vidrio de una de las aulas ve como Irina le encaja a Mauro un beso baboso que más bien parece una liposucción.

Con vergüenza, como si la hubieran descubierto desnuda en la Nueve de Julio se pone en la fila del 37, agarrada a su cartera y a sus libros. Se siente pésimo. Se siente idiota. Hay sólo dos personas delante de ella y el colectivo empieza su recorrido allí, así que, cuando se sube el interno 1039 está vacío. Maga igual camina hasta el fondo del vehiculo y se deja caer en el último asiento. No sabe por qué, tal vez sea una necesidad de remarcar su dolor y de demostrarse que sí, que efectivamente… se siente como el culo. “Ni siquiera mi nombre. No registró ni siquiera eso” El colectivo sale de Ciudad Universitaria y se dirige hacia el centro de Buenos Aires. En medio del atardecer los edificios comienzan a iluminarse, hermosos, a destiempo con el dolor de Maga. Sacudiéndose en el asiento de atrás del 37, se levanta los anteojos rojos de Lolita y se limpia unas lágrimas que le asoman. “Por qué?” Piensa, “Por qué no me di cuenta? Qué me pasa?” Y no es capaz de admitir que vive adentro de su cabeza, que imagina y construye sobre lo que imagina, que no se basa en la realidad para armar. Mauro es otro fruto de su imaginación. Gusta de un hombre con el que ni siquiera ha cruzado una palabra, y con la misma falta de criterio de realidad, está segura de que él gusta de ella también. Pero él no sabe ni el nombre de ella y si lo supiera sería igual, porque ella no hizo nada para acercarse, porque ella no puede acercarse. Maga, mientras contiene el llanto, sigue preguntándose por qué y sabiendo que no quiere responderse. No quiere meterse con la respuesta, porque sabe que allí, está el límite de sus posibilidades. Allí, hay cosas que la hieren, hay momentos y escenas que se le presentan como vidrios cortados, como esos pedazos de botellas que la gente pone sobre los paredones para que no entren en las casas. Algo de eso hace ella con su mundo. Está llena de vidrios así, desgarrados, para que no le entren. Es tanta la fuerza que está haciendo para no llorar que en un momento no da más. Cuando el 37 pasa por la Plaza Congreso, se baja eyectada. Casi queda enganchada en la puerta de atrás que se cierra sobre su espalda. Pone un pie en la vereda y se larga a llorar.

Con una imagen incongruente y antigua que le aparece una y otra vez, Maga llora a borbotones sentada en un banco de la Plaza de los dos Congresos. Delante suyo, la gran cúpula verde iluminada, dentro suyo, un dolor imponente que no entiende de dónde viene. O no quiere entender. En su mente todo el tiempo tiene la misma imagen: la puerta de vidrio de la entrada del edifico de su madre, cerrándose sobre el rostro dolido de Germán, hace unos 8 años. El rostro de Germán. Ella adentro. Del otro lado. Ella le cerró a la puerta en la cara a Germán. Y se sintió segura. Él la adoraba, estaba muerto por ella y durante meses la cortejó en silencio, sin una palabra sobre sus sentimientos. Ella lo adoraba, pero le tenía miedo a la intensidad de lo que percibía que sentía Germán. Era inteligente, lindo, divertido, pero ella le tenía miedo. El día que él le dijo en la puerta de la casa de su madre que tenía que hablar con ella, Maga, aterrorizada, le dijo que no le interesaba nada de lo que tenía para decirle. Y sin más, le dio las buenas noches y le cerró la puerta en la cara. Le cerró la puerta al amor. La imagen de Germán desolado detrás de la puerta de vidrio se agranda y la lastima. Maga llora más. Llora el amor fantasma por Mauro, llora el amor que no se animó a sentir por Germán, llora su profunda soledad.

Flavio atraviesa la Plaza Congreso molesto. Muy molesto. Acaba de terminar el documental de tango y eso lo enoja. Lo odia, pero a su vez no quiere soltarlo. Otro tonto rito que tiene asociado a Sanyi. No quiere desprenderse de nada que lo haga rozar, aunque sea mentalmente, la figura de Sanyi. “Sanyi… donde estará?” No puede más que imaginarla dándole matraca al imbécil con el que se fue. “Quién será?” A veces le pone la cara de Eduardo Sarlenga, a veces la de un profesor de step amigo de ella que ya sabe que es gay, pero era muy lindo, a veces la de un negro musculoso y la odia. Y se odia. Se dice que ella seguramente debe sufrir también. Lo debe extrañar, fueron 3 años, a la noche lo debe extrañar, en la cama, sin su cuerpo, lo debe extrañar. Y enseguida le viene la imagen de ella desnuda, con su larga cabellera pelirroja sobre el cuerpo desnudo del negro o del otro y la odia. La odia!! Aprieta los dientes y se dice: “No!!! Sacate ya eso de la cabeza”. Porque se conoce y no se quiere enroscar. No quiere pasar otra noche más sin dormir. En eso, algo lo frena, cree escuchar el llanto de una mujer. Sin dejar de caminar, busca de donde viene el llanto y en un banco ve a una chica que está hecha un bollo, no se le ve el rostro porque lo tiene escondido entre su manos y su pecho. La chica llora desconsolada en una contorsión extraña. En su mano estirada sostiene un par de lentes rojos con forma de corazón iguales a los de “Lolita”. “Lolita” piensa Flavio “Qué ganas de ver Lolita”. Y siente que debería frenarse y consolarla, pero también siente que si lo hace, él corre el riesgo de largarse a llorar y no quiere, no puede. “No” Piensa “Hoy no, hoy que se vayan a la mierda Sanyi y todas las mujeres” y sigue de largo. Por un instante tiene la sensación de que es un error, pero enseguida se dice que esa noche se siente egoísta y solo puede pensar en él y se aleja por la plaza rumbo a su casa. Maga en el banco deja de llorar y levanta la cabeza, mira adelante, al lugar donde hace un segundo estaba Flavio mirándola. Siente algo de calma, no sabe por qué pero empieza a sentirse más tranquila y mira sin mirar como se aleja un chico con una remera violeta.

4. FLAVIO Y MAGA

6 marzo 2010

“Cantala de nuevo, Hormiga.

Flavio está en la cama. Mira el techo. No puede dormir. La ausencia de Sandra es tan tajante en la cama que compartieron durante tres años… Piensa que debería cambiar de lado, pero sabe que tampoco va a resultar. Ya lo intentó y no puede dormir del lado de ella, se siente como si durmiera sobre el fantasma o la sombra del cuerpo de Sanyi, que ya no está ahí. Qué rollo, piensa. Debería cambiar de cama o de posición y toma la almohada y la pone a los pies y se acuesta al revés. Y mira hacia el lado de Sanyi y le aparecen lo pies de ella, tan lindos, tan estilizados, las uñas siempre pintadas. Y se levanta eyectado, mira la cama horrorizado, pensando que una puta cama no le puede ganar. Que quiere dormir, que desde que Sanyi se fue no durmió una sola noche más de 3 horas seguidas. Un día durmió 8 horas, pero porque se tomó las pastillas que el Hormiga le robó a la abuela del geriátrico. Horrible. Durmió bien, pero fue como un trámite, cerró los ojos y de pronto los abrió. Una ausencia de 8 horas, nada parecido a dormir y no quiere eso. No quiere emborracharse, no quiere fumar, quiere dormir, quiere simplemente que le vuelva el sueño. Cerrar los ojos e irse durmiendo lentamente. Suave y profundamente. Sabe que hay una manera. Hasta ahora no ha querido usarla, pero ya no tiene más recursos, así que se tira en la cama, de su lado, agarra el teléfono y  marca como un desaforado.

Hormiga está poniéndole pimienta  a su plato de fideos con aceite de oliva y se está acostando a ver “Asustemos a Jessica hasta morir”. Lo está esperando desde hace exactamente 8 horas y media cuando Liberto pasó por el negocio y le entregó la peli y le dijo que le daba un día para verla y después la pasaba a buscar con Prefectura si era necesario. Está excitado, feliz, hace mucho que espera este momento. Pone play y automáticamente suena el teléfono. Hormiga lo ignora, no piensa atender. Pero sigue sonando y cuando mira de costado el identificador de llamadas, ve que es Flavio. Y no puede. A él no puede no atenderlo. Pone pause y atiende. Flavio suena mal, muy mal: “ Hormiga… te necesito” Y Hormiga le dice que lo siente pero que no puede ir a la casa ahora. Flavio le contesta que no, que no hace falta. “Qué te pasa?” dice el otro. “No puedo dormir, necesito dormir… “No tengo más pastillas de mi abuela” se ataja Hormiga. “No dice Flavio “Te llamé porque… necesito que me cantes” “Eh???” Salta Hormiga. “Dale, cantame la canción esa… la que me cantaste cuando murió mi viejo, te acordás? Qué volvimos en el colectivo, sentado en el fondo y vos me la cantaste y yo me dormí.” Y Hormiga dice que era un ocasión especial… que no… Pero Flavio insiste e insiste  y Hormiga que para Flavio tiene el sí flojo, deja el plato de fideos sobre la mesa de luz, pone stop en la película y le empieza a cantar…

Flavio escucha, cierra los ojos y escucha. La voz del Hormiga y esa canción le recuerdan la muerte del padre y por primera vez en muchos días se siente mal por otra cosa que no es la ausencia de Sanyi. Empieza a dormitar lentamente, a entrar en un placentero sopor cuando suena el celular de Hormiga. Hormiga sin dejar de cantar mira el identificador y no reconoce el número, es de la zona piensa, pero no lo conoce. Flavio no queriendo desvelarse: “No contestés, seguí…” Pero Hormiga no sabe, porque si es un número de la zona pueden ser los del club Fangoria que están organizando la fiesta de Corman, y él insistió mucho para que lo inviten, es más,  se tuvo que hacer socio y pagar una cuota anual. No, él no se la quiere perder, y le dice a Flavio: “Creo que es importante, banca un segundo” y atiende: “Hola…

“Hola dice Maga del otro lado. “Quién habla?” pregunta Hormiga… “Vos no me conocés, bah, me conocés pero no me conocés. Yo te alquilo pelis.  Soy la chica que siempre va los viernes a última hora”. Hormiga tenso: “De dónde sacaste mi número? “Te fui a devolver “Lolita” y llegué cinco minutos antes, pero no estabas” “No” dice él “Me tuve que ir antes, un accidente familiar… pero para eso me llamas?” “No” dice ella “Bueno, sí… el vecino de tu negocio me dio tu celular, es que nada, te va a parecer absurdo o tonto, pero me encantó la película” “Cuál?” “Hormiga, dale seguí, que me desvelo” dice Flavio del otro lado. Lolita” dice ella. “Es la primera película que me recomendás que me gusta y la primera en años que veo entera y me conmueve” Hormiga tapa el celular y le habla a Flavio: “ Le gustó Lolita “A quién?” dice Flavio. “ A la mina que le recomendaste eso” “Yo no recomendé nada. Yo quiero dormir, seguí cantando” “Ahora va” dice Hormiga y Maga que lo escucha: “Qué? No, nada, que me alegro” manda Hormiga. “Sí dice ella y se embala, se pone verborrágica en su entusiasmo: “Fue genial… es genial desde los títulos te digo, nunca vi unos títulos de apertura así… y la escena en la que Humbert la ve a ella por primera vez, que escena! Es un genio ese tipo… perdoname que te llame a esta hora pero no me podía dormir y necesitaba decírtelo y me gustaría que me recomiendes mas”  “Sí” dice él… “Obvio, pero… bancame un segundo y seguimos hablando” “Dale” dice ella y bosteza. Hormiga tapa el celular, cree que ella no escucha y le sigue cantando a Flavio que se va durmiendo. Maga que escucha la canción del otro lado, sonríe y cierra los ojos, bosteza nuevamente y se va adormeciendo ella también. Hormiga sigue cantando. En eso, Hormiga termina y escucha un tremendo silencio: “Flavio… estás ahí?” Y nadie contesta. Flavio se ha dormido escuchándolo, baja el inalámbrico y sube el celular: “Nena, estás ahí? Perdón, pero ni siquiera sé como te llamás…  estás ahí? Silencio. Ella tampoco contesta, y es que Maga, también se ha dormido escuchando al Hormiga.

3. FLAVIO Y MAGA

26 febrero 2010

A último momento. Viernes 21:57.

Alguien golpea en el vidrio de la puerta. Hormiga decide ignorar el sonido y seguir leyendo Watchmen. Por el rabillo del ojo ve el reloj digital que tiene bajo la caja, son las 21 y 57, faltan 3 minutos para el cierre del negocio. Está técnicamente cerrado y no piensa dejar de leer por nada. Y menos por ella. El golpeteo persiste. Hormiga comienza a molestarse, porque sabe que no lo dejará terminar el capítulo en paz, levanta la vista y corrobora lo que ya sabe. Sí. Es ella, la pesada que siempre viene los viernes dos segundos antes del cierre y no sabe qué carajo llevarse. Nunca sabe. Nunca se decide. Pero tampoco acepta cualquier sugerencia. Es exigente en su ignorancia. El Hormiga la mira, ella le hace gestito de abrime, querés? Y él la mataría. Es de la mujeres que le desea al enemigo. Debe ser una rompe cocos. No es fea, ojo, en  una isla desierta le daría. Y cómo! Pero acá en Perón y Uruguay, no le toca ni un pelo. Le abre, ella entra. Hola dice “Ya cerraste? “Sí” dice él. Pero todavía no es la hora dice ella. Y repiten la misma escena estúpida de los últimos 3 meses. Ella siempre viene los viernes a buscar un DVD y nunca sabe que llevarse. Y siempre le pide sugerencias. Y siempre vuelve y le dice que no le gustó lo que le recomendó. Evidentemente tienen un gusto opuesto. Jamás, ni en una isla desierta se la podría garchar.

Ya sabés que vas a llevar?” dice Hormiga. No dice ella. “Me dejás mirar?” Y el Hormiga le dice que sí, pero que él está apurado. Una emergencia dice. “Mi perra. La internaron” “Ah…” dice ella. La semana pasada no tuvo cría? “Sí” dice él inmutable, “le quedó un cachorrito adentro parece y se está pudriendo”. Ella lo mira. Sabe que es mentira. Recontra mentira pero solo dice: “Qué tremendo y se pone a buscar una película. El Hormiga se pone nervioso. Quedó en encontrarse con Flavio, tiene que estar en la casa en diez minutos porque empieza la maratón de Kojak, y los dos son fanáticos.

Flavio mira su reflejo en el monitor de la isla de edición. Se ve la remera naranja con la imagen de Stanley Kubrick.

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Se mira, la mira…. Y mira la pareja de tango congelada en su monitor. Y juega con la teclas y la pareja hace un paso y lo frena. Y vuelve a poner una y otra vez el mismo cuadro. . . deseando que la pareja se caiga y ella se quiebre una pierna. Pero sabe que no pasa nada de eso. Que son unos pobres tipos que luchan por ganar un estúpido concurso de tango. Tiene que llamar al Hormiga. Es tan puntual y él no va a llegar. Y lo llama. El Hormiga le dice que estaba por llamarlo que está la pesada que siempre viene los viernes a último momento. Flavio le dice que tiene que cancelar, que tiene que avanzar con el documental de tango, lo tiene que entregar la semana que viene y no hizo ni un 25 por ciento. Y Hormiga que la chupe, que no, que tiene que salir de esa isla. Y se acerca Maga y le dice: “Qué llevo? Dame una sugerencia que no me decido por nada. Hormiga la mira molesto: “No te va gustar, lo que te recomiendo yo no te gusta. Agarrá cualquier cosa”. Y mira la sugerencia de la semana: “Papá por un día”. Llevate esa, es una comedia bárbara” y Maga le dice que prefiere ver canal 9 antes que esa película. Hormiga se muerde el labio y le suplica a Flavio, que está esperando del otro lado de la línea: “Tírame un titulo, Flavio, una soga, que no me voy mas de acá”. Flavio mira a Stanley en su remera y suspira: Lolita”. Hormiga salta: “Es una verga esa película…” Flavio niega:  “La de Adrian Lyne no, la de Kubrick digo. El guión lo hizo Vladimir Nabokov. La primera versión duraba 9 horas. Kubrick flasheó, dijo que era el mejor guión que leyó en su vida… sabias? No” dice Hormiga… “Ni en pedo”. Y mira a Maga y le dice: Sabés quién es Nabokov…” “No” dice Maga Qué peli hizo antes? El Hormiga la fulmina: “ninguna hizo, pero anda a la segunda fila, primer estante al medio, y agarrá “Lolita”, en la tapa tiene la cara de una chica con anteojos de corazones, llevate esa. Maga sonríe, lo de anteojos de corazones parece gustarle y se va hacia la estantería a buscar la película… y Hormiga le dice a Flavio: Macho, salís de esa isla ya, y nos vemos en “La Academia, nos tomamos ocho cervezas y jugamos al pool. El que emboca la primera bola gana. No me podés decir que no Y le corta. Flavio corta. Mira a Kubrick en el reflejo del monitor y de pronto le dan unas ganas locas de ver Lolita.